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Este relato es grosero e irreal, contiene lenguaje ofensivo, escenas de violencia explícita, sexo a mansalva y abuso de alcohol. Por su pobre contenido, les aconsejamos que no lo lean.

Existen leyendas urbanas entre la comunidad de periodistas que se dedican a ésto de los marcianitos. Muchas de ellas relacionadas con la última vez que se charló con un oriental que murió poco después tras protagonizar las 80 horas más trepidantes en la historia del WoW, otras tantas sobre un proyecto hiper-mega-secreto que sólo ellos han tenido el privilegio de ver y una de mis favoritas habla sobre un detallado listado o chorvagenda que valoraba con una notación estándar y varios adjetivos calificativos a las féminas que trabajaban en el sector

Lo que es innegable es que muchas de esas leyendas tienen como sustento vital el lugar en el que terminan invariablemente todos los periodistas, de los marcianitos o no, cuando van al extranjero a cubrir un evento: en un puti club.

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Y es que no existe forma mejor de concluir la crónica de una feria o de finiquitar la presentación de un juego que recargando las pilas en un bar de alterne. Así entre los periodistas de los marcianitos circulan leyendas sobre una bailarina de Vancouver capaz de girar los pendientes pezoniles a 3000 revoluciones por minuto, de un albino del barrio rojo especializado en francés y que según cuentan es de lo mejor en su campo y de una coreana que con unas bolas de ping pong es capaz de encestar de tres usando únicamente la musculatura de la vulva. Leyendas vivas entre la prensa nacional.

En mi cabeza aún retumban los ecos de una presentación realizada en un resort centroamericano donde tras ser amablemente invitados a marcharnos por parte de la dirección y a la espera de coger el vuelo la mañana siguiente fue inevitable terminar la jarana en uno de esos locales de ocio y dispersión que abundan en las salidas secundarias de las autopistas.

Toda la tropa nacional encabezada por un servidor y envalentonada tras acabar con una destilería de ron y media plantación del sector terciario, nos plantamos en la puerta de un conocido puticlub. En la puerta, un mulato de colosales trapecios y bigote a lo Dirty Sánchez guardaba el tesoro como Ella la Araña, impasible ante nuestras miradas de hoylaliamos y nuestros cánticos de guerra:


… te has puesto el tanga del revés…. te se vel coneeejo

El mulato, viendo como una marea de españoles sedientos de lujuria se acercaba al local sin reparar en un mínimo de educación, extendió la mano diestra y nos instó a seguir ciertas normas de higiene:

- Aquí no se puede entrar con pipa.
- No, amigo, si nosotros somos españoles, no llevamos armas.
- ¿Armas? Le estoy diciendo al imbécil de tu amigo que si quiere entrar que apague la pipa; aquí sólo se pueden fumar habanos, chico.
- ¿Lo dices por éste? No se podría quedar fuera, es que va muy moco…
- ¿Tú te crees, chico, que voy a aguantar al tarado éste en la puerta mientras vosotros os lo pasáis como la concha de tu madre dentro? O lo metéis con vosotros o aquí no entra ni mi padre.

Tras conseguir que el compañero apagara la pipa, lo que costó varios minutos de discusión y un par de collejas con la mano abierta, entramos a un local en el que a pesar de que los años pesaban en su decoración tanto como en sus trabajadoras, conservaba cierto halo de decencia, aunque dejaba vislumbrar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Mientras mis compañeros de trabajo y farra esprintaban hacia el show room un servidor, con una vejiga poco elástica, hizo acopio de valor y se dirigió a los urinarios. De camino al retrete tuve que sortear al clásico limpia cabinas, a un viejuno panzón que se ofreció a mamporrearme si no era capaz de miccionar por mi mismo y a un inspector que me advirtió de que como me viera con cierta sustancia psicotrópica me iba a abrir el bullas… por no habérsela comprado a él.

Tras vaciar mi agüita amarilla y luchar un par de minutos por despegarme del suelo, me dirigí al epicentro del local, la barra, a tomarme el enésimo mojito de la noche. A escasos metros, media docena de compatriotas jaleaban los contoneos de una jovencita que trempaba por la barra de ejercicios con la misma ropa que vino al mundo. En un rincón, atontado aún tras la reprimenda de sus homies, nuestro amigo jugueteaba con su apagada pipa bajo la atenta mirada de un par de gigolós con cierto parecido a Tony Hernández.

- Oye, guapo, sois españoles ¿verdad?

Tras la barra se mostraba la rechoncha figura de la que debía ser meretriz de mayor antigüedad, con un agresivo escote que hacía difícil discernir si el pelamen que asomaba era pectoral o es que hacía tiempo que no se arreglaba los bajos.

- Sí princesa, somos españoles, periodistas. Hemos venido a cubrir…, a cubrir…, la Cumbre Iberoamericana…
- ¡Ah, la Cumbre de Jefes de Estado! Creía que empezaba la semana próxima…
- Esto, sí… Lo que ocurre es que como somos primeras filas nos dejan venir una semana antes para que nos relajemos y eso.
- ¡Ah!
- Sí
- ¡Ah!

Si en ese momento hubiera dicho ¡ah! otra vez seguro que hoy pasaba mis días como Michael Scofield en una cárcel tropical. Una cosa estaba clara, se había fijado en nosotros en general, y en mi en particular, y no me iba a dejar tranquilo hasta que me sacara algo.

En la zona del espectáculo la cosa se iba animando. Dos de mis compañeros habían perdido ya las camisas que no volverían a ver, lo que les obligó a adquirir en el duty shop la clásica camiseta-turista con la frase “Viva … Cabrones”; otros tres yacían semi inconscientes en unos sucios sofás con dos jamelgas trabajándose a fondo las carteras; el sexto en discordia entablaba animada conversación con los mencionados gigolós…

- Me gusta mucho España. Tengo una prima hermana que se fue a vivir a Madrid y es encargada de restauración.
- Qué bien.
- Sí, en el VIPs.
- Ahá.

La meretriz se animaba a conversar con el extranjero que no abandonaba ni el puro ni el mojito y que cada treinta segundos espantaba una mano del bolsillo donde guardaba la cartera…

- Lo que no me gusta de su país es el Presidente, señor… Tan maleducado, tan feo… con lo poquita cosa que es…
- A mi tampoco, señora. A mi tampoco…
- Y un chico guapo como usted. Y periodista. Tendrá un buen salario, ¿no? señor
- Se hace lo que se puede. Los periódicos importantes pagan bien…
- Y no estaría usted interesado en conocer a mi hijita…

Tuve que desconectar, no quería verme atrapado en juegos semánticos ni volver a Madrid con una joven enganchada del brazo. Mientras la meretriz seguía con su soliloquio eché un último vistazo a la zona de strip-tease. Sendos descamisados se habían subido a bailar con la streaper para algarabía de un par de maromos que pugnaban por meter algo, que no era precisamente dinero, en la bragueta de los mismos. Los tres bellos durmientes se habían quedado solos puesto que les habían robado hasta lo último que se pierde: la dignidad. Por último, nuestro amigo de la pipa, conformaba el relleno de un sándwich en el que el las rebanadas de pan eran los primos de Tony Hernández… y estaban a punto de ponerle la mayonesa…

- … señor, porque en España hay trabajo y mi hijita…
- Lo siento cariño, tengo que marcharme. Debo estar en el hotel en media hora, pero prometo volver para que me cuente más historias de su hija.
- ¡Ay, gracias señor! ¿Le importaría…? Verá usted, es que cuando recibimos la visita de un VIP en nuestro local le ofrecemos siempre el libro de visitas para que nos lo firme… ¿Le importaría a usted grabarnos una dedicatoria linda en él?
- Cómo no…

La meretriz se agachó tras la barra, lo que hizo que se escaparan un par de arañas del zoo que mantenía bajo los pantalones, y sacó un libro de doradas tapas con la inscripción “Clientes Selectos“. Me acercó una pluma y me instó a escribir la dedicatoria.

- Ponga algo bonito, señor. Usted es periodista, sabrá escribir bien…

Qué equivocada estaba. Hice un último esfuerzo para recoger la pluma de la pegajosa barra y escribí con mi mejor caligrafía:

Por los maravillosos y placenteros momentos que pasamos con tan agradable compañía

Fdo. Luis María Anson

Apuré el vaso del mojito y me encaminé hacia la salida. Había sido un fin de presentación cojonudo.

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Comentar: ( 9 hasta ahora)

9 Comentarios to “Aventuras y desventuras de un periodista de ésto de los marcianitos 11: Because the Night”

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Me comento a mi mismo:

1- Todos los personajes son ficticios, aunque uno de ellos pueda recordar a alguien

2- La historia de fondo es REAL. Como lo leéis. Un conocido, muy conocido periodista político de este país, cuando va a una casa de putas en Latinoamerica firma con el nombre de Anson, académico de la lengua.

3- Lo de la chorvagenda también es cierto

casidios
27 Diciembre 2007
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Lo de la chorvagenda es conocido, aunque yo no conozco a periodistas directamente ya lo había oido. ¿Quien es ese periodista político gracioso? XD
Me encantan éstas historias.

wako
27 Diciembre 2007
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Que bueno ;D

Una lastima que sean tan cortos… siempre me quedo con ganas de mas.

Roswell
27 Diciembre 2007
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Todo periodista de los Marcianitos q se precie en algún viaje al extranjero ha acabado en algún local de estos o de streptease en su defecto…. ;)

batto
27 Diciembre 2007
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Joer, ke bueno, ¿que hay que hacer pa ser periodista friki de estos …? jaja :)

Ray
28 Diciembre 2007
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Gran articulo jeje , yo tambien quiero ser periodista :D xD

Jose
28 Diciembre 2007
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preguntar en Meri… XDD

batto
29 Diciembre 2007
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