Once Upon a Climb, análisis del tercer capítulo de King's Quest

Retomamos las aventuras del Rey Graham en el devenir de su historia como monarca del reino de Daventry con Once Upon a Climb, el tercer capítulo de la puesta al día de King’s Quest. El juego está cargo una vez mas de The Odd Gentleman, que continúan desarrollando su particular visión de la saga clásica de Sierra.

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El capítulo anterior no nos dejó tan buenas sensaciones como sí lo hizo el primero pero sus análisis se siguen complementando con este para tener una visión global de lo que los diferentes episodios nos van ofreciendo.

King’s Quest, el argumento se complica

Aún sin entrar en spoilers explícitos, sí que vamos a comentar algunos detalles del contexto para situar la actual trama. El anciano rey rememora ahora sus tiempos como un Graham un poco más maduro y menos enclenque en su físico del que conocíamos. Está ya acostumbrado a la corona pero embriagado de cierto sentimiento de soledad en el trono. Es el momento de buscar una princesa a la que tomar por esposa, quizás encerrada en lo alto de algún lejano torreón. Ese será nuestro objetivo y será un viaje movidito en el que coincidiremos de nuevo con varios de nuestros antiguos compañeros de aventura. Además, se incorporan otros tantos personajes que a partir de ahora se prestan a ser fundamentales para la narrativa. Todo siguiendo en parte la senda ya vista en el original King’s Quest II: Romancing The Throne de 1985 de la propia Sierra Entertainment.

King’s Quest va variando estilo

Mientras que el primer capítulo proponía todo tipo de mecánicas, con cierta libertad de exploración de los diversos escenarios, y el segundo se centraba principalmente en las propias del género de la aventura gráfica, este vuelve a la diversidad de situaciones. Pero lo hace de una forma más guiada, más lineal en su desarrollo, aunque con una trama también más enfocada y concreta que cuenta con momentos bastante entrañables. Once Upon a Climb comienza con un ingenioso puzle que juega con pasado, presente y futuro, que a la vez sirve para recordar de forma somera nuestras anteriores peripecias por Daventry, poniéndonos otra vez en situación.

Vuelve la diversidad a King’s Quest

Después se irán alternando zonas a lo Uncharted, escalando inmensos muros con alguna pequeña trampa, con otras de exploración pero más delimitadas que en los otros episodios. En ellas iremos resolviendo los diferentes problemas que nos topemos y hablaremos con los personajes para cultivar nuestra relación con estos y ayudarles si fuera menester. Tampoco faltarán varios puzles más específicos y complejos, que harán que les demos más de una vuelta para desentrañarlos. Habrá otros que nos obligarán a afinar nuestro oído y capacidad musical, pero ninguno con una dificultad excesiva. O algún momento más movidito en el que tendremos que lucirnos con nuestro manejo del arco en primera persona, como si de un shooter cualquiera se tratara.

Christopher Lloyd sigue brillando

En la trama también habrá pequeñas variaciones en determinados momentos, en el que tendremos que elegir entre ayudar a un personaje u otro y así continuar la historia de una forma que dependerá de nuestra elección. Son detalles que a la vez te ayudan a empatizar un poco más con el protagonista aunque el cambio real del argumento sea mínimo. La duración vuelve a estar en la línea del segundo capítulo pero se hace bastante más ameno y con mejor ritmo. En lo que respecta al apartado artístico, retornan los colores más alegres del primero y deja estampas bastante coloridas y atractivas. Y sobre doblaje, al que se le añade el de los nuevos personajes, la labor del elenco sigue estando a la altura de lo que ya habíamos disfrutado en los anteriores. Sigue sobresaliendo Christopher Lloyd como el anciano monarca y voz en off.

King’s Quest vuelve por el buen camino

King’s Quest retoma en parte el buen tono con este Once Upon a Climb, a pesar de no llegar a ser tan complejo ni extenso como el primer capítulo. Un episodio más entrañable, con metáforas bastante cuidadas sobre el paso del tiempo y que está, por lo general, mejor estructurado. Cuenta, además, con una trama más memorable, a pesar de ser también con diferencia el más lineal de los tres. Vuelvo a insistir en que el valor real del juego sólo se podrá medir al mirarlo en su conjunto, una vez puestos en común los cinco capítulos. Mientras tanto, un nuevo y emocionante periplo ya aguarda próximo al soberano más carismático de Daventry. [73]

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