Análisis Pokémon Rojo/Azul, una visión sobre cómo empezó todo

El pasado 27 de febrero amanecimos dándole la bienvenida a los títulos originales de Pokémon con motivo del XX aniversario de la licencia más importante en consolas portátiles de todos los tiempos, el motivo por el que algunos empezamos a jugar a videojuegos y la razón por la que crecimos con una Game Boy en el bolsillo. Hoy echamos la vista atrás.

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Creo que sería absurdo que hiciese un análisis al uso de una obra como ésta; para eso ya tenemos decenas de retro análisis hechos con mucho cariño en su momento en diferentes portales o simplemente podemos leer la opinión de los redactores hace más de quince años, cuando los primeros Pocket Monsters llegaron a Europa. Pero prefiero hacer algo distinto y dar un enfoque personal, donde os cuente con sinceridad por qué hoy Pokémon es tan importante para la industria que nos une así como los motivos por los cuales la licencia es ahora como es y no de otra manera.

No nos engañemos, decir que Pokémon Edición Roja, Pokémon Edición Azul y Pokémon Edición Amarilla son los mejores de la saga me parece que es no darse cuenta de nada, un puro ejercicio de nostalgia y quizá de gafapasteo, como se dice ahora, porque por suerte estas excelentes obras de GameBoy no son, ni mucho menos, la mejor experiencia que podemos tener con la franquicia en la saga canónica.

Si tienes una Nintendo 3DS, en cualquiera de los miembros de su numerosa familia, te debes el tener alguno de estos “cartuchos” en tu tarjeta de memoria; el precio es abusivo, digámoslo ya, pues pagar diez euros por títulos que pertenecen a un sistema cuyas ROMS cuestan la mitad es una jugada que saben que pueden hacer porque es Pokémon y vamos a caer como moscas, pero se han pasado.

En cualquier caso, me ha encantado poder vivir de nuevo la aventura de manera oficial en un sistema distinto al original. Mi experiencia con el móvil tumbado no me gusta, como tampoco me hace mucha gracia tener que optar por métodos poco legítimos para poder hacerme con todos tantos años más tarde. Ahora tenemos una alternativa legal para llevar siempre con nosotros la Pokédex Nacional de Kanto, con sus 151 criaturas si conocemos a alguien que tenga la otra versión y nos pasen ese ansiado Ninetales que solo podemos capturar en Azul.

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El concepto e idea sigue pareciéndome maravillosa; nosotros queremos ser los mejores entrenadores de la región, pero en realidad desde el minuto uno lo que el Profesor Oak nos encomienda no es conseguir medallas y hacer de nuestro legado un hito, sino hacerle el favor de terminar el registro de todas las criatuas que nos esperan ahí fuera. Daos cuenta de algo, estamos en Pueblo Paleta, pero hay más Pokémon que ríos y centenares de combinaciones. Es imposible no caer rendido y morderse los labios cuando conseguimos evolucionar por primera vez a uno de nuestros Pokémon; es inevitable no sentir que algo ha cambiado cuando salimos airosos del Mt. Moon y empieza a sonar esa espectacular música antes de llegar a Ciudad Celeste, ese lugar donde nos pedirán una cantidad de dinero imposible de pagar para conseguir una bicicleta.

Con todo, la sensación de progreso, de maduración del personaje y de crecimiento por parte de nuestro equipo es constante. Lo que empezó siendo una tortuga azul con los ojos pálidos pasa a ser una enorme bola acorazada y dos cañones sobre los hombros. Ahora los ataques hacen más daño, le hemos cogido el truco a eso de subir experiencia. Ahora somos un equipo.

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No hacían falta cinemáticas, tampoco unos sprites a la altura de lo que era capaz de mover la consola (menuda diferencia entre los sprites Rojo y Azul con respecto a Amarillo, amigos); ni siquiera era necesario que la consola donde vio la luz estaba totalmente desfasada y fuera de combate: lo que enamoró fue el concepto, que veinte años más tarde sigue intacto y ha mejorado con creces en todas y cada una de sus generaciones.

Visto desde fuera podría parecer que todo está ahora sobrecargado, que hay demasiado y que “antes molaba más”. Por supuesto, toda opinión es muy respetable, pero yo no la comparto. Se disfrutan de forma diferente, pero estoy seguro de que si los juegas en orden y luego vuelves a Rojo, Azul y Amarillo te darás cuenta que eso de pulsar B para correr es más de lo que parecía; que hacer olvidar las MO se agradece mucho; que no estaba todo tan sumamente roto.

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Aun así, conozco pocos juegos donde los fallos y los errores se convierten en virtudes, en historias que pasan con los años cual teléfono escacharrado. En ese pequeño cúmulo de pueblos empapados de colores se escondía una leyenda que fuimos nosotros, los más de treinta millones de jugadores originales y todos los que vinieron después los que pudimos escribir los primeros cuentos que más tarde otros leerían. Ahora, cuando veo a familiares y amigos que no llegan a los diez años, me doy cuenta que siguen sintiendo lo mismo, que sueñan igual que lo hice yo y que imaginan y aspiran a seguir a rajatabla el concepto de “Gotta Catch’em All’.

Ése es el cometido que nos encomendaron y que nos lo creímos, porque llegar a vencer al Alto Mando deja de ser un reto para convertirse en una responsabilidad. Quizá lo veo así porque me pilló en la época que tuvo que cogerme; habría sido distinto si Pokémon hubiese llegado a España cuando yo fuese a pasar a la facultad, pero lo hizo cuando las tablas de multiplicar eran mi máxima preocupación. No obstante, asumo que haya quienes no lo entienden, quienes ya no sueñan o nunca consiguieron verse reflejados en Pokémon, pero creo que es indudable que la pócima mágica se escribió en un pergamino que nadie ha encontrado todavía. Solamente el bigotudo y el chico de verde de Miyamoto son capaces de hacerme sentir algo parecido, solo que aquí verdaderamente somos nosotros los que vivimos una experiencia que no tiene nada que ver con la anterior cada que accedemos a ‘Nueva Partida’.

No hay dos capítulos iguales en una historia que no tiene fin. Me haría muy feliz volver dentro de veinte años a escribir en AKB cómo ha cambiado todo y por qué jugaba a Pokémon; quizá entonces entienda realmente a qué se debe esta relación de amor y cariño a la que debo amistades y momentos que siguen apareciendo una y otra vez en la pantalla de una GameBoy, ahora en una Nintendo 3DS. Mientras tanto, empecemos una ‘Nueva Partida’.

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