Ayer
domingo 20 de agosto finalizó la edición 2011 de la
Gamescom. Aunque creía tener bastante claro que mis días como corresponsal se habían acabado, debido a que he cambiado de trabajo (del que me da para comer) tenía una semana libre que ha coincidido con las fechas en las que celebra el evento. No
tenía ningún tipo de expectativas respecto a lo que iba a ver o dejar de ver, así que simplemente compré los billetes de avión, me acoplé al hotel que
Speaker y
Norritt se habían buscado y me preparé a disfrutar de
una nueva cobertura.
Sí, a disfrutar. O al menos esa era la atención. Como siempre. Pero esta vez he de reconocer que
me he tomado esta GamesCom con relativa calma. Siempre tienes el nervio de contar las cosas, pero año a año te das cuenta de que en cuanto a rapidez
nunca serás el primero, así que es mejor masticar la experiencia y transmitirla
aportando todo el valor añadido que puedas. A pesar de tener las agendas a tope y de acostarnos cada día tarde, lo cierto es que he intentado ir con
un par de marchas menos que otros años. Si vas con prisas,
el stress te devora y al final te das cuenta de que no estás disfrutando el evento, que no estás jugando a nada, que estás cansado, tienes hambre, llegas tarde a todos sitios y que todo son caras largas. Así que
he intentado tomármelo con calma. Al menos con toda
la que he podido.
Speaker jugando a Resistance 3 en 3D en el hotel de Sony
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