Concurso No Oficial de Relatos Cortos sobre GTA: El Pasajero

Bases del concurso
Autor: Carlos G. Burgos

La vida es complicada. He matado gente, he traficado con gente.
Quizá aquí. las cosas sean diferentes.

Nico B.
Grand Thef Auto IV

Liberty City* siempre ha sido y será muchas cosas: un hormiguero, una letrina, un enorme queso agujereado…

Somos muchos los que llegamos buscando una oportunidad y no nos hemos equivocado; siempre que tengas cojones, la hay.

Es el lugar en que confluyen cielo e infierno y yo acababa de salir de uno y juro por mi sangre que me dirigía al otro.

Salir vivo de la trena es como graduarse en la universidad del crimen, unos pierden su virginidad anal, otros hacen su primer fiambre y hay quien acaba tirado en la lavandería con un “pincho” clavado en el oído.

Mientras cruzaba en puente que cose Poorking* a Starter Island* podía oler el dinero.

¿Qué a que huele hermano? A sangre, a pólvora, a sudor, a dulce coño, a perfume, a maletín de cuero, a gasolina… es la mejor respuesta a cualquier por qué… a veces la única.

Me había costado lo mío burlar a mi agente de la condicional que me controlaba minuciosamente desde que salí.

Él era el responsable de tuviera un empleo vendiendo mierda comestible a través del programa de reinserción y debía andarme con ojo; Un informe negativo sobre mi conducta y me encerrarían de nuevo, pero esta vez tirando la llave al mar.

Nada de armas, nada de broncas, nada de asociación con maleantes.

Precisamente eso era el tío que me había buscado el otro ‘empleo’, un maleante de la galería C con dos cadenas perpetuas.

Empecé a trabajar para El Diablo mientras cumplía mis seis años de condena en el infierno. Al salir me dio su bendición y una nota con un número de teléfono.

La nota rezaba: “…siempre que quieras ganar dinero fácil llama a este número y deja un mensaje, después espera respuesta en la cabina que hay junto al parque, en el cruce de Victory Blvd con Bay Street”.

Dinero fácil.

La segunda característica del dinero es que no existe forma fácil de conseguirlo, sí hay formas rápidas pero nunca son fáciles.

El sitio en cuestión era una ratonera en un puerto de carga y descarga de contenedores.

Dejé el coche oculto tras un camión para que no comprobasen que era robado –creo que en toda mi vida no he tenido un coche que fuera mío, al igual que una mujer: te seducen, los coges prestados, los conduces y después los abandonas por otro mejor.

Cuando me aproximaba a la cabina empezó a llover, la voz que apareció por el auricular parecía ahogada por el mismo diluvio :

  • Me alegra que hayas llamado, Phin nos dijo que tenía un nuevo amigo que rezumaba talento. Necesitas un buen fajo de presidentes muertos, ¿no es así?
  • Eso mismo. Dígame qué tengo que hacer…
  • Muy bien, directo al meollo, como a mí me gusta. De momento hay un Chevrolet en el callejón, –a tu espalda si estás mirando al parque – que está pidiendo a gritos que se lo lleven de ahí.
  • ¿Qué debo hacer con él?
  • Pues verás chico, Andy –el conductor de ese Chevrolet – está echándose una siesta en el maletero. Ya sabes lo caprichosos que son algunos para echarse la siesta.
  • Bien, es hora de hacer comida en latas para gato. ¿Tienes la dirección?
  • Desde luego, Phin me puso al tanto.
  • Bueno, bienvenido al club de campo…Ah, por cierto, sabes que a Andy le encantaba dar de comer a los gatos, otros lo hacen con las palomas, no permitas que algo lo estropee y no se cumpla su último deseo. Eso nos decepcionaría enormemente.

Pasear un fiambre en el maletero de un Cevrolet con dos respiraderos de bala no es como ir paseando a Miss Daisy, si te para un poli seguramente se dará cuenta de que algo marcha mal.

La lluvia me venía bien, todo canta menos bajo la lluvia –si exceptuamos al jodido Gene Kelly.

Las calles de la zona parecían olvidadas por los transeúntes.

Me decanté por la autovía para no tener que ir parando en cada cruce, pero cuando iba a coger la primera salida un coche me pegó por detrás, destrozando el maletero.

Con el impacto la cerradura se hizo puré y la puerta se levantó diciendo: Hola a todos soy Andy.

Bajé para cerrar el maletero ante la cara de espanto del conductor, que había dejado de vocear y reculaba hacía su vehículo muy despacio. Intenté cerrar la puerta pero el cierre no la atrapaba y se abría en cuanto la dejaba libre.

Vi a un policía salir de una tienda y antes de que mostrase interés por el accidente le enseñé mi ombligo al conductor del Buick con las cachas del cuarenta y cinco especial que llevaba. El tipo se puso nervioso y se apoyó contra su coche como si fuera a desmayarse cuando el poli se acercó:

  • ¿Qué ha ocurrido?
  • Nada, agente, con la lluvia no me ha debido ver y nos hemos dado – dije.
  • ¿Se encuentra usted bien señor?– dijo al dueño del Buick que había perdido el riego sanguíneo de la cara.

El tipo no respondía y no apartaba sus ojos de mi maletero.

  • Señor, se encuentra bien, ¿quiere que llame a una ambulancia?

El tipo agitó la cabeza en sentido negativo sin dejar de mirar al maletero.

El agente se volvió intrigado por el punto del que ese hombre no podía apartar la vista.

­

  • Le ha destrozado el maletero, amigo.
  • Sí pero hemos tenido suerte estamos bien los dos.
  • Me permite su documentación y el permiso de conducir, yo mismo redactaré el parte del accidente.
  • No se moleste, es algo leve y podemos hacerlo nosotros.
  • Estamos aquí para eso.
  • Verá agente, se lo agradezco pero voy a buscar a mi mujer que está a punto de dar a luz y estoy algo nervioso.
  • Como quieran, pero aparten sus coches a un lado para no interrumpir el tráfico.

Entonces el dueño del Buick se escondió tras su vehículo gritando. Yo sólo distinguí las palabras: armado, maletero, hombre muerto y saqué la pistola sin pensar nada más. El agente estaba haciendo amago de desenfundar cuando recibió el primer impacto que lo dejó tendido en un reguero de sangre. El dueño del Buick siguió gritando parapetado tras su coche.

Corrí hacía él y le disparé a quemarropa mientras intentaba huir. Subí al Cevrolet y abandoné el lugar a toda prisa. Por el retrovisor pude ver como algunos conductores anotaban la matrícula.

Callejee procurando no levantar sospechas aunque con el maletero abierto levantándose en cada semáforo era imposible no hacerlo.

Me detuve en un callejón y saqué a Andy. Sentado en la parte trasera y con el cinturón de seguridad puesto no se movería tanto. Ahora llamaba menos la atención aunque tuviera un túnel que comunicaba la frente con su cogote.

Matar a un poli había sido como pisar un avispero y no tardaron en dar conmigo.

Me puse tan nervioso que empecé a hablar a Andy, que no protestaba, y me decía sí con cada bache y no con cada volantazo.

Los dos coches patrulla me seguían en fila india marcando mi posición para que me cerrase un tercero que corría por una calle la paralela.

Si abandonaba el coche para escapar, quizá podría burlar a la poli pero no a los miembros de mi nueva familia que no querían que se les vinculase con el túnel que Andy tenía entre las orejas.

No sabía quien era Andy, ni por qué le habían dado pasaporte, pero mientras las sirenas me acorralaban, tuve la certeza de que él sería el mío; para alcanzar una nueva vida o una nueva muerte.

*New York
*Brooklyn
*Staten Islan

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