Dragon Quest Builders 2, segundas partes sí pueden ser buenas

Dragon Quest Builders 2 llega al mercado mañana mismo. Es hora de ponernos en la piel de un nuevo Constructor llamado a cimentar la gloria que un día perdió un antiguo reino rebosante de vida.

El ciclo de la vida

Square Enix repite fórmula y mejora todos y cada uno de sus apartados.

Dicen que ni hay luz sin oscuridad, ni hay vida sin muerte. Tampoco hay creación sin destrucción. Hace poco más de una semana os ofrecimos nuestras impresiones tras probar la demo del juego. Apenas unos minutos fueron suficientes para comenzar a vislumbrar que estábamos ante algo grande y ahora podemos confirmarlo: Dragon Quest Builders 2 supera ampliamente a su antecesor gracias a su apuesta por contar una historia integrada en un conjunto mucho más ambicioso.

Volvemos a ponernos en la piel de un Constructor, una especie de elegido llamado a valerse de sus dotes creativas para devolver la vida a un reino sumido en la tristeza. A pesar de que no es tan fuerte como el Luminario, nuestro personaje no solo es capaz de construir; también sabe luchar, aunque no lo hace esperando que llegue su turno sino lanzando ataques sin tos ni son, en tiempo real.

Sin saber muy bien por qué, despertamos en la Isla de los Recuerdos: un lugar de infinitas oportunidades. Esto sucede luego de ver cómo nuestro barco, en el que los monstruos nos mantenían cautivos, sufre un naufragio debido al ataque de una poderosa entidad desconocida. Sin demasiados rodeos, el juego nos presenta al que será nuestro fiel compañero de aventuras, Malroth. Un malhumorado luchador que se ve obligado a cooperar con nosotros y adaptarse a las circunstancias, ya que el panorama que se ha ceñido sobre el mundo no es demasiado esperanzador. Dragon Quest Builders 2 le da mucha más importancia a la historia que su antecesor, aunque tampoco esperéis un argumento al nivel de las entregas principales de la franquicia.

Creando un nuevo hogar

Cuando echamos un vistazo al pasado y recordamos cómo fue el estreno de lo que hoy es una nueva saga, es difícil no fijarse en uno de sus grandes defectos: la decisión de finalizar cada capítulo con un hard reset que daba paso a la necesidad de comenzar desde cero, una y otra vez. Por suerte, aquí no funciona de la misma manera y todas las piezas del conjunto están mucho mejor colocadas, dando lugar a un equilibrio que hace de lo nuevo de Square Enix una experiencia mucho más orgánica.

Partimos de la Isla de los Recuerdos, nuestro nuevo hogar. Construir en ella y devolverle la belleza perdida es un proyecto a largo plazo y, mientras tanto, tenemos cosas que hacer en otros lugares. Para empezar, no podemos reconstruir el mundo sin ayuda y es por eso que nuestra tarea principal es captar seguidores; nuevos habitantes dispuestos a mudarse a nuestra isla y convivir con nosotros. ¿Cómo lo hacemos? ¡Viajando en su búsqueda!

La agricultura y la minería nos ayudan a traer nuevos habitantes a nuestro hogar

Cuando llegamos a una nueva isla situada en algún punto del mapamundi —los viajes en barco son automáticos—, el juego se toma unos minutos para introducirnos en la historia que estamos a punto de vivir en ella. Generalmente, encontramos a diversos personajes que tratan de hacer lo mismo que nosotros en nuestro hogar, aunque ellos no cuentan con la ayuda de un auténtico Constructor. De alguien como nosotros. Estos personajes suelen ubicarse en las ruinas de algún tipo de aldea, como pueden ser una gran zona de agricultura o un complejo minero.

Cada historia da comienzo una vez llegamos, saludamos y alguien nos pide un favor —qué original—. Cualquier excusa sirve para ponernos manos a la obra, comenzar a explorar en busca de recursos y descubrir cada vez más y más recetas: armas, construcciones, estancias, cultivos… Todo lo necesario para emprender una nueva vida. El secreto está en lo bien medido que está todo en el juego, que es capaz de bombardearnos a base de información y nuevas mecánicas sin hacer que el jugador se vea abrumado, intercalando la creación con la exploración de una forma brillante.

Hay monstruos que, en lugar de atacarnos, están dispuestos a ofrecernos trabajo

Dragon Quest Builders 2 no sería nada sin las mecánicas de crafteo y construcción, pero no por eso lo apuesta todo a una carta y renuncia al componente de aventura con ligeros toques RPG. Ahora tenemos mucha más exploración por delante, misterios por resolver y algún que otro acertijo al que hacer frente. Y es que, a pesar de valernos de la constructopedia para comenzar a cimentar nuestro nuevo hogar, hallar los materiales va mucho más allá de golpear bloques de tierra con un mazo; a menudo somos enviados en busca de una caverna en la que crece algún tipo de flor, derrotar a un monstruo que posee un fluido concreto y seguir la pista de un mineral que nos permita forjar una nueva espada, entre otros objetivos que aportan variedad al desarrollo.

Estamos ante un título capaz de ofrecer una cantidad ingente de horas de diversión, pero que en ningún momento se siente pesado ni engorroso a pesar de proponer mecánicas que todos conocemos de otros títulos. Square Enix ha ensamblado un conjunto de lo más equilibrado, en el que todas sus piezas encajan a la perfección y giran sobre una historia interesante, a pesar de que solo es una excusa para que aprendamos a jugar y pasemos mucho —mucho— tiempo explorando, luchando y creando.

Destruye, crea, comparte

Dicen que la unión hace la fuerza y Square Enix también ha sido capaz de aprender de sus errores en esta ocasión. En el primer capítulo de la saga, las funciones multijugador quedaron relegadas a un papel testimonial; una aparición discreta muy lejana a lo que podemos encontrar en títulos como Terraria y Minecraft. Sin embargo, en Dragon Quest Builders 2 nos encontramos con una ambiciosa apuesta por potenciar la cooperación a través de internet. Porque dos Constructores crean más rápido; porque dos espadas son más poderosas. Dos… y cuatro también.

De una forma relativamente cercana a lo que hace Dreams de Media Molecule, Square Enix ha decidido apostar por la creación de una comunidad que comparten a diario sus creaciones. Conforme llegamos a cierto punto del desarrollo principal tenemos acceso a un gran entramado en línea en el que podemos visitar los reinos de otros jugadores, valorar sus capturas y creaciones o invitarlos a visitar nuestro hogar.

¡En nuestro pueblo os recibiremos con los brazos abiertos!

Gracias a la posibilidad de cooperar con hasta tres Constructores invitados, así como a la inclusión de vehículos por tierra y aire —una especie de capa con la que podemos planear grandes distancias—, el desplazamiento ha sido mejorado y explorar en compañía resulta muy gratificante. Además, las nuevas herramientas de destrucción nos permiten reunir grandes cantidades de materiales en muy poco tiempo y eso es algo que potencia muchísimo la creatividad sin esperas ni tedios innecesarios. Ahora es mucho más divertido jugar en compañía.

En definitiva: más y mejor

Square Enix ha aprendido de los errores del pasado, especialmente en lo que a desarrollo de la historia se refiere. Atrás queda la cuestionable decisión de reiniciar el mundo creado por el jugador al finalizar cada capítulo, para dar paso a un nuevo guion en el que el progreso resulta mucho más gratificante. Intuitivo, dinámico y terriblemente adictivo. Así es Dragon Quest Builders 2, un título capaz de hacer las delicias de cualquier amante de propuestas como Minecraft o Terraria, pero también de aquellos que llevan más de tres décadas disfrutando del universo de una de las franquicias por excelencia del JRPG. Sin entrar en debates estériles como esos que se suceden con la intención de tildar de «mejor o peor» a algo, lo único cierto es que estamos ante uno de los juegos más divertidos del año. El claro ejemplo de que segundas partes sí pueden ser buenas. [87]

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