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Afro Samurai – Análisis PS3




Basado en un manga de Takashi Okazaki y en su serie de animación adaptada por el estudio Gonzo, Afro Samurai es una muestra evidente de un juego que podría haber sido genuino, con personalidad y muy aprovechable económicamente y que se queda en un vago intento por ofrecer una experiencia de juego entretenida. Tenía una historia con background que podría haberse contado maravillosamente con ayuda de sus gráficos cel-shading repletos de personalidad. Tenía dos de las voces más impresionantes de Hollywood narrando las secuencias. Tenía una banda sonora atípica que se ajustaba de maravilla al espíritu de Afro. Tenía un personaje repleto de carisma y personalidad. Pero cuando la jugabilidad falla el resto de virtudes suelen pasar inadvertidas…

Llegas a casa, enciendes la consola e introduces el disco de Afro Samurai y lo ves ahí, a Afro, impávido, cigarrillo en la boca, con su peinado de un metro de altura y piensas, pinta bien. El personaje, aún sin conocerlo, tiene carisma y rebosa fuerza en el dibujo. Empieza a sonar la música. Una mezcla de hip-hop con melodías orientales y te dices, es raro, pero tiene ritmo y se ajusta de maravilla a lo que veo. Escuchas las voces que narran la historia y el eco de las cuerdas vocales de Samuel L. Jackson y Ron Perlman retumba en tus oídos. La cosa no puede ir mejor. Y efectivamente, no puede ir mejor. Afro Samurai tiene un diseño artístico excelente, el personaje da para una serie completa de videojuegos, la música es espectacular y las voces rozan otro nivel (el juego está traducido al castellano pero tenemos la fortuna de escuchar las voces originales)… Entonces, ¿qué ocurre para que no termine de cuajar?

Y lo cierto es que pasar, pasan muy pocas cosas. Ese es el problema. Tras la secuencia de introducción la historia es contada con prisas, con cuentagotas y sin explicarnos apenas nada de la trama. Si no conoces la historia de Afro Samurai te quedas con detalles: “es como su padre”, “quiere venganza”. Pero en ningún momento se han tomado la molestia de explicarnos, con esos gráficos que tan bien se ajustan a la esencia del anime, el background de Afro. No profundizan, no le dan importancia; el guión es más una excusa para llevarnos de un escenario a otro que un hilo conductor que ofrezca algo de continuidad al argumento.

Pasa también que el juego es un título de acción en tercera persona que intenta ofrecer la experiencia de sentirte un samurai. Moderno, pero samurai. El juego intenta hacernos creer que somos The Bride en Kill Bill, cercenando extremidades de decenas de enemigos como en las «películas de kárate» de los 70. Pero muy pocas veces lo consigue. El sistema es tan simple, con tan pocas posibilidades para hacer combos y con unos enemigos tan monótonos que cansa a las primeras de cambio. Ni siquiera el buen uso del “tiempo bala” sirve para remediar un sistema que podría haber sido maravilloso. Cuando avanzamos en el juego vamos desbloqueando alguna nueva habilidad, algún movimiento, pero sin potencial, sin alma… Apenas se toman la molestia en explicarte lo que has conseguido y una y otra vez te ves obligado a cubrirte y repetir la misma serie de golpes. No tenemos armas secundarias ni podemos mejorar la katana. No hay nada. Sólo los enemigos finales, que tampoco son muy diferentes, y algún que otro momento que nos vemos obligados a utilizar cierta técnica resultan llamativos. Pero habitualmente los desafíos son tan idénticos que terminas aburrido de machacar botones.

El gameplay en sí presenta otras carencias. El uso de la cámara dinámica ofrece una acción más cercana, pero tiende a perder de vista los enemigos con una facilidad pasmosa. Los momentos en los que intentando romper la monotonía nos encontramos con zonas de plataformas son muy irregulares y el control se aleja mucho de la perfección ideal. Como detalle, señalar que hay algunos momentos calcados del último Prince of Persia, del que se han importado hasta los rasguños de la paredes para indicarnos el camino, pero con un resultado visual notablemente inferior. El diseño de los niveles es tremendamente básico y la ubicación de los objetos ocultos o bonus es la más sencilla que he visto. La linealidad. La repetición de tareas. Las caídas de framerate cuando aparecen efectos de humo en la pantalla. Todo ello le pasa factura.

Debemos señalar también que la duración del juego es justita, justita y que la ausencia de opciones multijugador no ayudan a ofrecer una longevidad por la que merezca la pena desembolsar su precio. También me ha llamado negativamente la atención que el juego no disponga de los ya habituales Trofeos; es más, es el primer juego que pruebo este 2009 que no ofrece la posibilidad de presumir de nuestras habilidades.

El desenlace de esta historia es idéntico a su comienzo. Recalcar que las excelentes posibilidades argumentales, gráficas y jugables, y que quedan plasmadas en el diseño artístico, banda sonora y doblaje, no tienen continuidad en cómo queda plasma la historia de Afro, la monotonía de los combates y las posibilidades jugables. Tal vez en el próximo intento.

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