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Análisis de Outlast 2: Una caída sin fin

Bueno, bueno, bueno. Tal como comencé el texto en AKB sobre las promesas de Dark Souls 3, ahora me veo en la tesitura de analizar lo nuevo de Red Barrels: Outlast II. A pesar de ser una pésima compañera del miedo, del terror y de los susticos, me puse manos a la obra para pasarme el juego entre apuntes de oposiciones y mucha, mucha tensión.

Un guión aparentemente tópico

El marco que hay detrás de Outlast 2 es una historia muy común: chico pierde a chica en un pueblo lleno de locos y decide ir a buscarla. Blake, el chico que pierde a Lynn, la chica, podría ser cualquiera de nosotros. Al igual que el bando contrario, “los malos”, que no son más que pueblerinos con muchas ganas de agradar a “la-la-líder” (como dirían en Los Simpsons) de su querídisimo Papá Knoth.

EEUU es un lugar de contrastes. Al igual que te da a Trump también te da la ruralidad y la mala follá religiosa que tiene este juego como sangre que corre por las venas de cada una de las escenas. Son temas turbios, que todos podremos reconocer al instante con dos pinceladas. Y Outlast II tiene la virtud de ser sutil, de dejarnos llevar por la historia a través de los detalles y sobre todo de la interpretación posterior de éstos.

No es juego para Rambos

¿Qué tenemos para poder contrarrestar a todo lo que se nos eche encima? Pues tan solo una cámara. Como buenos reporteros de todo lo que ocurre, podremos grabar determinadas situaciones para poder descubrir, a través de éstos, una post-narrativa que más de una desarrolladora tendría que apuntarse. Aquí tiene más sentido lo que dice Blake en estas grabaciones que el momento de darle a “REC” y ponerse manos a la obra.

Lynn es el motivo por el que corremos entre tanto monstruo, pueblerino y loco suelto. Ha habido más de una vez que he tenido que darle a “Pausa” y pensarme dos veces si continuar o no. Pero siempre he tenido la posibilidad de volver a intentarlo con una mente despejada. Buscar otro escondite. Outlast II sabe de lo que trata el miedo. Porque cualquier psicólogo te dirá que cuando tenemos miedo o bien huimos o bien nos enfrentamos a él. Aquí decidimos hacer lo primero sin dejar de hacer lo segundo, ofreciendo así un plato tanto a los miedosos y para los aventureros.

Un equilibrio ajustado

¿Conseguiremos atravesar tanto pasillito sin morirnos del susto? Es posible. Outlast 2 también da momentos que yo llamo “de tregua”. Como tenemos que descifrar la historia a través de las páginas que nos encontremos (mucho evangelio e historias truculentas, avisado quedas), el juego nos permitirá leerlas tranquilamente sin miedo a que nos salte otro loco rezando a la cara. Y qué decir de los diálogos. Una maravilla. Un doblaje perfecto que no solo a través de colores se diferencia sino también a través de un guión que ha sabido dar en el clavo en lo religioso. Un tema del que no es fácil hablar y menos en los términos en los que hace Outlast II. Trata el realismo con realismo y lo paranormal con lo paranormal. Sin dejar de ser adulto y teniendo la valentía de ponerse, a tan solo unos meses después de la última entrega de Resident Evil VII (aquí el magnífico análisis de Saúl), a su altura.

La magnífica ambientación se apropia de elementos ya vistos en obras de terror, como aquel Resident Evil 4 con sus pueblerinos, capillas y curas sueltos, así como el pantanoso miedo que nos dio True Detective en su primera temporada o el terror de una noche en el bosque del clásico film La Bruja de Blair. Estamos viviendo una buena época del terror, donde historias muy buenas se cuentan con juegos excelentes. Claro que es necesario hablar de que con la cámara podemos escuchar y ver en la oscuridad, pero también es necesario comentar el grandísimo trabajo que se ha realizado en materia de iluminación, ambiente, sonido y guión. Porque todo vale a la hora de crear una obra que no solo es dinámica sino adictiva.

Outlast 2 engancha

A pesar del miedo, me encontraba con ganas de más. De que no acabase. Y por supuesto que no mola sentir sustitos cada dos por tres, pero también cuando algo incentiva de tal manera que sigas adelante, merece la pena continuar. No he sentido mayor satisfacción después de pasar una zona complicada como lo he hecho en este Outlast II. Quizás ahí resida el hecho de que queramos pasar miedo. La adrenalina se dispara igual que las dualidades que se enfrentan en este título. El terror lo he pasado más en lo introspectivo que en lo mainstream. No he tenido tanto miedo de la sangre o de las zonas oscuras sino de las frases que Blake suelta al volver a revisar el material que tiene en ésta.

Y es que ya no solo hace todo esto bien, sino que ha sido una maravilla jugarlo en PC. No he tenido apenas tirones de FPS, la optimización es excelente permitiendo jugarlo incluso en equipos modestos y no siendo difícil moverlos en su máxima calidad, como ha sido mi caso (i5+GTX960). Es de esos juegos que merece la pena verlos a oscuras, con los cascos puestos y sintiendo cada paso y cada golpe de sonido mientras no queremos mirar nunca hacia atrás.

Si te gusta el Miedo, no te lo pierdas

Claro que Outlast 2 tiene defectos. Uno de ellos es la sobreexplotación del recurso de caerse una y otra vez para juntar las transiciones y los cambios narrativos que se producen en el juego. Pero, sin embargo, me sirve de metáfora final para decir que Outlast II es una caída sin fin. Una caída hacia el terror más puro, donde mirar atrás pueda ser un error que no nos permita ir hacia adelante. Que no nos permita afrontar la siguiente herida o la siguiente muerte.

Es una caída sin fin por la que el jugador pedirá que no acabe jamás o al contrario, que pida que acabe pronto. Pero aquel que lo deje, se verá a si mismo dándole más intentos. Porque no hay una mejor caída la que te hace adentrarte de lleno en una obra donde el miedo es satisfacción. Una satisfacción casi perfecta. [87]

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