Impresiones con Crimson Desert, el juego del momento

Desde el momento que vi Crimson Desert en un trailer hace años ya sabía lo que me iba a encontrar. Llevaré unos casi 10 años entrando y saliendo de Black Desert y, conociendo la obra de Pearl Abyss, sabía que podían lograr cualquier cosa que se planteara, por muy loca que pareciese.

El entorno

Uno de los aspectos más resaltados durante los trailers era su estética visual. Una iluminación clara; ramas y sus sombras bailando al compás del viento; una distancia de dibujado tan extensa y tan completa como la que puede tener alguien en un día despejado en el campo.

Crimson Desert tiene un aspecto visual impresionante, del que muchos dudaban, pero del que, Pearl Abyss, ya habían más que demostrado en su MMO hace más de 10 años. Una proeza técnica, implementada en un juego online con opción a ver a cientos de jugadores, sus mascotas y las partículas de los rimbombantes ataques que se pueden realizar, y que se equiparan a los movimientos más impresionantes de cualquier anime.

La historia detrás también es enorme pero, como todo yin tiene su yang, la manera en la que se cuenta, no es la más épica. Dentro de las panorámicas apabullantes y las luces acogedoras, están los diálogos de personas del día a día. Personas a las que les toca vivir en un mundo y, aunque vean cosas paranormales, después de la batalla hay que barrer el suelo y recoger.

En realidad no voy excusar lo que parece una falta de implicación por el equipo en cuanto a narrativa, ya sea porque ha extrapolado sus maneras del MMO aquí, o porque en este primer intento no saben cómo hacerlo mejor.

El juego

Al igual me pasa con el juego en sí: sus mecánicas y sus controles. Primero, lo positivo para mí. La cantidad y variedad de mecánicas disponibles en Crimson Desert es admirable. Barrer, picar, volar, lanzar, ganchear, cabalgar, … Cuando se presentó el juego en el estudio a través de verbos, seguro que pusieron post-its a lo largo de un paredón para englobar todas las cosas que se podrán hacer en el juego.

Es cierto que algunas vienen del MMO, pero muchas vienen de las inspiraciones que apoyan como pilares esta experiencia tan malabaresca. Red Dead Redemption 2, Breath of the Wild, y otros, son sombras que podemos vislumbrar detrás de Crimson Desert. Parece incluso que, a cada departamento les hayan dicho: Animación, juega este juego y básate en él. Por desgracia, es una moneda de dos caras, a veces inspiración, a veces pieza que no encaja.

Y en este no-encajar se nota en los controles. Al englobar tantas mecánicas y tantas referencias directas en un solo mando, las combinaciones de botones no se trasladan bien al 100% y muchas veces entorpece la experiencia. Muchas veces he saltado cuando he tenido que recoger algo del suelo y creo que es algo que se habría podido evitar con algo más de pruebas.

Como punta positiva, uno se puede acabar acostumbrando y en el último parche han hecho mejoras tanto en el esquema como en la respuesta del input.

Además, como guinda, se nota la poca experiencia en crear tutoriales. Black Desert no los tuvo hasta hace poco y, en un juego para un jugador, se nota el doble.

El impacto

Para terminar hay una cosa de la que creo que se debería hablar más. Pearl Abyss es una empresa coreana. Esta industria a finales del siglo XX comenzó la tendencia de enfocarse al mercado multijugador. Desde MMOs a shooters y demás multijugadores, esa industria tan centralizada y peculiar sacaba juegos de un jugador a marchas forzadas. Algún juego de terror, algún RPG, pero siempre independiente.

Ahora, con Crimson Desert, tenemos un juego que ha entrado en el panorama internacional con su modus operandi (gráficos tremebundos y mecánicas a cholón, básicamente) y ha causado un rebote en forma de retroalimentación de todos los tipos. Desde alabanzas (por alabar) a críticas (por criticar), las opiniones se han vertido en todos los formatos y redes en reacción a un intento del estudio por coger lo que ya saben y, a través de unas referencias muy explícitas, crear una nueva aproximación al mundo abierto.

En mi humilde caso, querido lector, no sólo he querido dar una oportunidad a Pearl Abyss – por lo que han hecho y harán -, he querido dar una oportunidad a una industria que está en un país rico en historia, historias y cultura. Desde el periodo Joseon, hasta la invasión y perversión por parte de Japón; la guerra con Estados Unidos y su separación; la posterior dictadura y las protestas; y, por último, la adopción del turbocapitalismo para llegar a dónde está hoy.

Estas y mil cosas más son las que quiero ver de Corea en un medio que amo como es el de los videojuegos. Y Crimson Desert es una apuesta que no me ha decepcionado, me sorprende y me hace vislumbrar un bonito futuro para los juegos de un jugador coreanos, si de verdad se esfuerzan en ello.

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