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Memorias de un superviviente [Relato Corto]

No tardaría en anochecer. Estaba herido, cansado y desorientado. No había nada en el horizonte que pudiera servirme de cobijo y estaba empezando a impacientarme. Continué caminando unos cuantos cientos de metros más, llegando casi al límite mi resistencia cuando, de improvisto, al bajar por una pronunciada pendiente, descubrí una pequeña granja. Había luz en la casa, así que me acerqué sigilosamente a la ventana para evaluar la situación. La escena del interior era tierna, casi bucólica: Una mujer mayor estaba tejiendo un jersey mientras observaba de reojo a un niño que no tendría más de 10 años que estaba jugando con un tren de madera al lado de la chimenea. Por el tamaño de la casa deduje que eran los dos únicos habitantes de la misma, y un rápido vistazo al terreno me hizo ver que el único vehículo que se había acercado por allí en los últimos días era la vieja tartana que descansaba junto a la puerta principal.




Había un pequeño trastero contiguo a la casa, un trastero que se reveló, tras forzar la débil cerradura, como una diminuta habitación para invitados, con su cama y un pequeño armario. Decidí quedarme allí a pasar la noche para recuperar las fuerzas, e irme por la mañana a primera hora para evitar ser sorprendido, pero cuando iba a estirarme en el lecho algo sucedió. No sé cómo explicarlo, pero en mi mente apareció claramente un mensaje «No puedes dormir aquí porque la cama no es tuya.». Maldiciendo mi suerte, no me quedó otra que asumir que no tenía otra salida: Debía cargarme al dueño de la cama si quería dormir en ese lecho y así evitar una muerte que, en mi estado, era casi segura. Y mientras me dirigía a la casa principal y preparaba mi arma, recé al Dios todopoderoso que liquidar a la abuela fuera suficiente y no tuviera que hacerle nada al niño…

Inspirado por | Fallout 3

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