Actualmente es difícil ver un juego de conducción con un toque arcade. La mayoría se enfocan en el realismo y los detalles. Screamer parecía ser ese juego menos detallado y enfocado a otro tipo de mecanicas, pero lastimosamente se queda corto en casi todos los aspectos.
Cada equipo por su cuenta
Comenzaré por el que creo es el punto más fuerte de Screamer, la forma de presentar su historia. Con estética anime tenemos varias cinemáticas, con personajes interesantes, además de momentos de tensión y acción.
En otros casos se presentan conversaciones entre personajes, los cuales pertenecen a diferentes equipos que buscan ser los mejores en una competencia organizada por un misterioso enemigo.
En el modo historia vamos pasando de un personaje a otro, conociendo sus motivaciones y avanzando en una serie de retos, que son muchísimos, donde se pueden conocer diferentes mecánicas de juego y pistas, pero me parece que tanto novedad desaparece rápido.
Decisiones cuestionables
Me sorprende como el equipo detrás de Screamer ha tomado ciertas decisiones bastante cuestionables. En las carreras iniciales se presentan cinemáticas que interrumpen la competencia o en otros casos la carrera termina sin saber uno por que.
Algunos capítulos son solo de conversación, no hay carrera y en las conversaciones no se toman decisiones, ni nada por el estilo, son momentos donde solo tenemos personajes hablando en un juego de conducción. A eso se suma que todos hablan en un idioma diferente y nunca pude con eso.
De igual manera los tipos de carrera no están bien distribuidos y casi siempre se termina jugando a lo mismo, terminar la carrera en cierta posición, ganarla o competencia por equipos. Si, existen otras opciones como carreras uno a uno o el uso de habilidades, pero son tan esporádicas que sorprende cuando aparecen.
El encanto se evapora
La gracia de Screamer está en disfrutar un juego de conducción con una fuerte influencia en carreras donde derrapar es la mecánica principal. Realizar esto es muy sencillo, simplemente mover el joystick derecho hacia el lado deseado y el vehículo derrapa sin problemas.
Ya solo es aprender a identificar el momento indicado para iniciar el proceso en una curva y así poder realizar el cambio de velocidad, que da un empuje de nitro corto y una vez en el cambio más alto se acumula nitro que permite un boost mucho más potente o tambien acumular la barra de ataque que permite destruir el vehiculo enemigo.
De ahí en adelante solo es repetir el proceso. Porque a pesar de tener diferentes personajes, con diferentes vehículos y piezas, el comportamiento es el mismo. Si, en el modo arcade los personajes cuentan con habilidades, pero es en el modo historia donde se obtienen los desbloqueables y no se aprovecha la variedad. Descubrir una nueva mecanica, como el acelerón o el ataque sacan un poco de la monotonía, pero unas carreras despues solo se siente más de lo mismo.
Todo termina siendo un pasar y pasar carreras hasta llegar al final. Admito que algunos niveles tienen su dificultad, porque es necesario cumplir ciertos requisitos o descubrir los atajos de la pista para superar al contrincante, pero el juego se vuelve repetitivo muy pronto.
Visualmente destaca
No puedo negar que Screamer tiene su encanto a nivel visual. En las cinemáticas y fuera de las carreras el estilo anime le sienta bien, le da un toque de personalidad. Ya en las competencias algunos escenarios se ven muy bien.
Paisajes interesantes, el manejo de colores y la distorsión con la velocidad. No es un juego ultra realista y no creo que busque serlo, pero destaca en el apartado artístico, precisamente para distanciarse de los juegos que son menos arcade.
Conclusión
Screamer no ha sido lo que yo esperaba. La premisa tiene todo para triunfar, ya que junta varios elementos conocidos de la cultura japonesa, como el anime, las carreras callejeras y el drifting, pero se le termina el gas pronto.
En el modo historia no se aprovechan los personajes y sus habilidades. La variedad de tipos de carrera son pocas y tiene varios detalles que no me gustaron, como las cinemáticas en medio de las competencias o los personajes que cada uno habla un idioma diferente.
Visualmente tiene sus cosas y las mecánicas de derrape son sencillas, pero a medida que avanza se siente repetitivo y el encanto inicial se pierde, llevando al jugador a intentar terminar los niveles lo más rápido posible.[60]

