Icono del sitio Akihabara Blues

Foundations

La muralla de Adriano, la muralla China o la muralla de Israel, todos los pueblos que se esconden tras los muros están destinados a desaparecer. En la antigua Roma las murallas de las ciudades no se levantaron hasta el siglo III a.C., antes no fueron necesarias. El comercio, la diplomacia, el contacto entre grupos humanos es necesario y vital para el crecimiento recíproco y para el buen desarrollo de la civilización. Sin estos contactos, no existiríamos, si cada uno de nosotros nos refugiáramos tras nuestros muros estaríamos, al igual que las civilizaciones que las construyeron, condenados a desaparecer.

28 megas es una serie de textos dedicados a videojuegos indies gratuitos seleccionados por el autor en base a sus propias preferencias. El título viene del escaso tamaño que suelen ocupar estas obras.

La premisa de Foundations, el juego gratuito que hoy nos ocupa, es precisamente la separación de dos mundos separados por un muro. Se trata de una aventura gráfica con una interfaz de point & click realizada durante la actual Adventure Jam por Matt Frith (Web, Twitter), artista inglés del que hablaremos más adelante.

Las game jam se han convertido en la actualidad en un hervidero de experimentación y un semillero fundamental para la escena indie. Muchos de los grandes juegos que dominan o han dominado esta escena proceden de estos eventos, como Gods Will Be Watching o el más reciente Titan Souls. De hecho no son pocas las editoras independientes que han posado su mirada sobre estos desarrollos ultrarrápidos y sobre quienes se encuentran detrás para engrosar las filas de sus compañías, como es el caso de Wadjet Eye Games, donde milita, ocasionalmente, Matt Frith, el creador del juego, desarrollando el apartado artístico de sagas tan excelentes como Blackwell, el inminente Automaticity o el lejano Sanctuary. Sin embargo, en su tiempo libre, se encarga de desarrollar pequeñas aventuras gráficas y piezas de pixelismo que cuelga en su Tumblr.

Para nosotros, el mero hecho de que una sola persona sea capaz de desarrollar todos y cada uno de los aspectos de un juego y con una brillantez extrema que en nada envidia a los grandes del mercado tiene, ya de por sí, un valor fundamental. Si a este trabajo y valentía le sumamos que el resultado es excelente, el valor que adquiere la obra es aún mayor. Recordad que no todos los juegos deben medirse con la misma vara, y es que aún que hay ser exigentes y valorar el resultado en su conjunto, también hay que pesar el contexto en el que se ha creado.

Matt Frith despliega para este juego un apartado estético increíble. Nosotros, que ya de por sí, nos rendimos ante ese estilo artístico, cuando está bien realizado, como es el caso, nos supone un gozo estético a la altura del mayor triple AAA del mercado. Y este es uno de sus mejores apartados, la belleza que imprime el autor al escenario y los detalles que añade, sugiriendo que hay más por descubrir, que nos queda mucho por saber y hacer en ese mundo que ha creado con dos pinceladas. Esta sensación, esta sugerencia e invitación a explorar y conocer más sobre el mundo que ha pintado Frith se multiplica gracias a la narrativa.

Por supuesto sigue los pasillos tradicionales de la aventura gráfica, conversaciones en cascada con los personajes y monólogos del personaje para explicar objetos y nuevos escenarios, nada nuevo bajo el Sol. Sin embargo recoge elementos de la empresa desarrolladora donde trabaja como, por ejemplo, resaltar el rostro de los personajes cuando hablan, ya que el juego no permite un detalle preciso de ellos, otorgando mayor personalidad a cada uno de los personajes que aparecen en el juego.

Al ser, como hemos mencionado, un juego muy corto, de hecho no supera los veinte minutos, Frith no se enreda en dar explicaciones sobre el contexto socioeconómico ni la historia del lugar, como tampoco nos cuenta que ha pasado para que el mundo quedara dividido en dos, simplemente se limita a ponernos frente a esa muralla y preguntarnos ¿qué queremos hacer?

Las influencias artísticas, dentro del juego, son las tradicionales del género de la aventura gráfica que recoge la herencia de Sierra y LucasArts, aunque este autor, sin duda alguna, ha recogido un mayor peso de la segunda aventura de Indiana Jones. El escenario será una ciudad posapocalítpica rodeada por una muralla de cemento que mantiene a salvo a sus ciudadanos y alimenta a los pobres desgraciados que se encuentran fuera gracias a sus residuos. Todo ello rodeado de un paraje desértico que nos recuerda a obras como Mad Max.

El personaje principal, Will Nara, tendrá que superar los desafíos que le impone el escenario resolviendo una serie de puzles, tanto a través de conversaciones como mediante la combinación y empleo de objetos. Por una vez, estos puzles tendrán lógica dentro del juego y no se limitarán a suponer un reto al jugador al tener que combinar aleatoriamente los objetos que encuentra para poder superar los escollos, sino que aplicando el sentido común no existirá ningún problema para superarlos.

En definitiva, Foundations es una pequeña joya del género que promete una segunda parte, o eso menciona en los créditos el autor, y que sabe a poco, pero que tiene un altísimo valor al ser desarrollado por una sola persona durante únicamente dos semanas, tiempo que le ha permitido generar unos escenarios detallados y preciosos, unos personajes carismáticos y una ambientación e historia sugerente que invitan al jugador a conocer más sobre él, y todo esto, gratis.

Puedes descargar gratuitamente Foundations desde aquí.

Salir de la versión móvil