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Outbound, relajándote en la campiña

Soy muy fan de los Cozy Games. Videojuegos sin prisas, sin niveles de dificultad imposibles, con un foco en transmitir paz y tranquilidad. Outbound es el último juego del género que he podido jugar, y me está gustando mucho.

No soy muy fan de las caravanas ni de las furgonetas camperizadas. Quiero decir, como ideas me parecen cojonudas, eso de poder plantarte en cualquier lugar con una mini casa. Pero la comodidad siempre me ha parecido limitada al compararla con un bungalow en un cámping o similar.

Pero en un videojuego la cosa pinta radicalmente diferente. Sin la necesidad de ducharte, cocinar, limpiar o ir al lavabo, la propuesta de Outbound (Square Glade Games, 2025) – echarte a la carretera de montaña con una furgoneta de surfero camperizada – es muy molona.

Sobre todo porque no se respetan las limitaciones de la física; así, podemos montar un mega techo, por ejemplo, que sobresalga por los lados de la furgoneta. Un techo que se puede expandir y contraer automáticamente, y que nos permite crear un espacio útil, en la práctica, casi ilimitado, si lo combinamos con la posibilidad de desbloquear la capacidad de construir también fuera del ámbito de la furgoneta.

La única duda que tengo, tras mis primeras horas, con Outbound es de si su propuesta es escalable. Llevaré aproximadamente 8 horas de juego y lo cierto es que la sensación de ir avanzando de ha diluído considerablemente durante las últimas partidas.

Los objetos que se van desbloqueando para mejorar nuestra furgoneta camperizada son muy random, y la mayoría están destinados a convertirla en una cabaña de madera con todas las comunidades, es decir, enfocados a mejorar estéticamente la furgoneta pero no las posibilidades de la misma. Esas mejoras, las de las posibilidades, al menos en mi experiencia, son más complicadas de activar.

Eso no quita que Outbound, hasta el momento, esté siendo una experiencia sumamente agradable y relajante. Buscar recursos como madera o plantas y llevarlos a la furgoneta para almacenaje, darle de comer bayas a los conejos – y acariciarlos de paso -, recoger basura para poder reciclarla para conseguir tickets que nos permitan desbloquear nuevos items para la caravana en las diferentes torres de control, o localizar chapas de botellas para usar en las máquinas de gachapones distribuidas por el mapa del mundo…

Actividades que no implican salvar el planeta de una amenaza de otro mundo pero que son muy satisfactorias y nos permiten tener la sensación constante de ir mejorando y avanzando en el juego, aunque sea paso a paso.

Sin duda, le echaré un buen montón de horas adicionales, que disfrutaré sin necesidad de jugar con la esperanza de encontrarme giros de guión o vueltas de tuerca que, en otras circunstancias, serían indispensables para que me sintiera motivado para continuar avanzando en la experiencia.

No he podido probar el multijugador, que permite que varios jugadores colaboren en la creación de un espacio compartido, pero me parece sin duda un modo con muchísimo potencial, sobre todo si se hace con amigos.

Ojala la propuesta de Outbound cuaje y Square Glade Games consiga la suficiente tracción como para poder seguir iterando la propuesta, y que otros desarrolladores de juegos cozy se planteen seguir la estela de este relajante Outbound.

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