URSS, 1986. Asya Shubina es estudiante en el único instituto de Vorkuta-5, un pueblecito con un índice de criminalidad de 0, en las estepas soviéticas. Pese a no haber crímenes en este estanco páramo de arquitectura brutalista, Asya sufre de acoso escolar.
Una compañera — Ira — la ayuda algunas veces. O la ayudaba; hoy, se ha anunciado su desaparición. Asya no tiene muchos amigos. Tenía algunas… antes. Antes de que las “llamaran”, antes del “instituto”. Ahora Shubina se pasa los días intentando sobrevivir el menosprecio continuado de su compañero de clase Vadim. ¡Podría ser peor! Le esconde el estuche, le coge los deberes, e incluso lanza sus cartas de amor por la ventana, pero vaya, son bromas normales, ¿no? al menos no la insulta — racionaliza Asya para si misma.
Z.A.T.O. (Ferry // Nopanamaman, 2025) es una novela visual gratuita lanzada el 11 de noviembre de 2025, que en poco más de tres meses ha sobrepasado las 5000 reseñas positivas en Steam. ¿Cómo es posible? Yo propongo que es por su historia.
La historia de Z.A.T.O. tiene intriga detectivesca, tensión, e incluso terror, pero si tuviera que resumirla se trata de una historia de optimismo en el helado pueblo capitalista de Vorkuta. Este optimismo, cómo definirlo… se trata de un optimismo nostálgico, casi patriótico — pero no en el sentido nacionalista de la palabra, como la patria Rusa o China. Tampoco en el sentido consumista de la psicología positiva, que induye a un «patriotismo optimista» sin fronteras y en busca de placeres materiales constantes. No.
Se trata de un optimismo patriótico para-con los seres, con el planeta, hasta con la galaxia ¿Hiperbólico? Quizás. Desde su título, Z.A.T.O. (ruso para referirse a una ciudad cercada), esta novela visual kinética desmantela los estereotipos típicos del ámbito digital: Un héroe implacable. Un antagonista horrible. Una damisela a salvar. La protagonista Asya es una poetisa endeble. El bully Vadim esconde sus penas familiares tras una fachada de virilidad estoica frente sus amistades. La “damisela” Ira deja que sus acciones (su puño) hablen por si solas, y no es raptada… se escapa, y después es acogida.
Pese a tener una historia lineal con un solo final, Z.A.T.O. despliega un mensaje sobrecogedor: Es cierto que hacemos acciones que hacen daño a otros, pero eso no significa que dichas acciones sean intencionadas. En otras palabras, actuamos, causamos dolor, tristeza, ira, y desgracia, pero lo hacemos sin quererlo. Sin buscarlo. Sin pensarlo.
Aunque de primeras parezca un mensaje idealista un tanto empalagoso — y de hecho así se manifiesta en la sección inicial del juego; con una Asya que parece desconectada de la realidad, que no culpa a nadie de nada, y que solo se juzga a si misma — poco a poco, esta protagonista queer neurodivergente (atributos tangibles pero que no se hacen explícitos en el juego) conoce a otros personajes que también han descubierto este peculiar “código” o “programación” de la existencia humana.
Sin embargo, para la mayoría, el hecho de ver cómo los seres son interdependientes y se necesitan e influyen unos a otros es una carga fatal. Una carga que el “instituto” debe solucionar. Una carga inatural que debe rechazarse, medicalizarse, esterilizarse, porque estar atenta a los patrones que nos influyen y que nos exculpan rompe los esquemas de los habitantes de Vorkuta-5. Rompe su lógica, su coherencia, su vida, merecimiento, culpa y responsabilidad, tal y como los entendían.
El optimismo de Z.A.T.O. y de Asya, aunque parten ariscos, se hacen cognoscibles como la humedad impregnada en una estalactita, mediante un meticuloso goteo de valoraciones internas de nuestra protagonista azulada. Shubina, junto a Marina, Tosya, e Ira (un repertorio con notable presencia femenina), propone que es una misma quien tiene la capacidad de ver estos patrones, pero no tanto la capacidad de cambiar.
El cambio es huidizo, las personas actúan frente a sus expectativas, sus asunciones, la vida en la que han sido colocadas, por fortuna, o por desgracia, porque una persona relativamente pobre como Shubina no puede compararse con una rica. O quizás sí. Quizás, aunque la rica, la masculina, la sana, la afortunada, empezara con lo que asumiríamos es una ventaja, quizás eso también hizo que se volviera incauta, dependiente, y desdichada. Quizás una persona como Vadim, no tuviera la culpa.
Este puede resultar un argumento un tanto difícil de acceptar. Que la responsibilidad es compartida y tiene que caer en la totalidad de la sociedad ya puede sonar complicado, pero que no debemos juzgar a las otras personas — ni a una — siento que es una efemérida titánica.
Y sin embargo, allí está: No juzgar, como no nos gusta que nos juzgen a nosotras. Este es, siento yo, el mensaje que ha resonado tanto con los jugadores y jugadoras de esta novela visual, es el mensaje que intenta transmitir Asya de inicio a final y que corona el subtítulo de esta entrega: “Amo al mundo, y a todo aquello que en él se encuentra”.
Dídac Jiménez Torras (Linktree) es estudiante de doctorado de videojuegos y educación en la Universitat Oberta de Catalunya. Mientras lees esto, probablemente se encuentra absorto defendiendo una perspectiva anárquica en un debate, o leyendo una novela visual sobre sociedades futuras…

