La primera vez que mi padre me regalo un cubo de Rubik (pirata) comprado en el Rastro madrileño descubrí que no era tan inteligente como los profesores me hacían creer. ¡Qué decepción! Creo que fue la primera vez que sentí que mis sueños de ser astronauta (el otro era ser empleado de la Talbot) no se iban a cumplir y supuso un punto de inflexión, descendente, hacia una vida de autodestrucción. Es lo que tienen estos inventos demoníacos: te ponen en tu puto sitio.
Sin embargo, la incapacidad genética de los Carrasco para resolver un cubo de Rubik no hizo sino agudizar mi ingenio: despegar las pegatinas y/ o pintarlas, girarlo únicamente dos veces para siempre saber recomponerlo... lo miraba en la estantería, intentaba cogerlo, pero sentía un calambre en los dedos. Hasta que un día un borracho que se entretenía lanzando vallas de obra en medio de la calle a los coches que pasaban lo recepcionó de cabeza... Al tema: con este cubo de Rubik no lo habría hecho. (más…)
El cubo de Rubik en el iPhone (+ tuto para resolverlo por R. Chiquilicuatre)








