Like A Dragon: Gaiden, la primera parte de la despedida es colosal

Toda buena historia tiene un final. Por cómo han decidido desde el estudio Ryu Ga Gotoku el final, este ocaso viene dado en dos partes: The Man Who Erased His Name e Infinite Wealth. Esta es la primera parte de este atardecer que he tenido la suerte de presenciar.

El ocaso de la Yakuza

Primero, es el ocaso de la yakuza. Ya hace diez años tuvimos el documental El ocaso de la Yakuza (Sebastian Stein, 2013), en el cual se acompañaba a algunos miembros y ex-miembros de esta mafia local intentando integrarse en el mundo civil.

Este documental iba por distintos personajes cuya vida ha sido dura desde un principio y cuyos ideales (más o menos nacionalistas) los llevan a creerse una serie de outsiders y, extrañamente, protectores de los civiles. Estos auto-nombrados guerreros han encontrado, desde el estreno de dicho documental, leyes que han puesto una barrera legal a los negocios que antaño no tenían dichos obstáculos por la cómoda costumbre y, por ende, se ha ido disminuyendo su actividad organizada a uno o dos clanes que, lejos de fortalecerse, son cada vez más pequeños y más ciegos ante su inevitable final.

Paralelamente, la saga Like A Dragon ha ido acompañando a su protagonista (y otros personajes) a través de este viaje a través de una especie de milla verde hacia la desaparición y sobre todo, hacia el final de una etapa. El final de una vida.

Un principio solitario…

El hombre que borró su nombre no es otro que Kazuma Kiryu (ahora llamado Joryu) que, después de finjir su muerte, tiene que salir de su retiro para completar un encargo de la familia Daidoji, el clan que lo ayudó a ocultarse.

En este retiro, ha tenido que dejar muchas cosas atrás, desde la ciudad que tanto amaba, hasta cosas como sus contactos del clan Tojo, como, y lo que es peor, su familia del orfanato. Ese dolor es apreciable desde el minuto uno, en el que vemos a un Kiryu mayor, algo cansado, y centrado en las cosas importantes.

Como no quiero contar mucho de la historia al ser un juego cortito (10 horas), diré que este abandono de “abandono” de las distracciones se traduce intrínsecamente con su duración y alcance. Es un juego pequeño en el que Joryu ha decidido centrarse en las cosas que le hacían feliz.

Tomar copas, jugar al mahjong, ir de hoste    ss (en su, en mi opinión, manera más turbia posible), o echarse un scalextric, recién traído de la nostalgia a un tiempo dónde este tipo de productos vuelven a la vida con fines comerciales pero que para mucha gente, como Kiryu, pueda encontrar refugio en los momentos más difíciles (pese a que el capitalismo se aproveche de ello).

Pero la parte que, personalmente, más me ha dado a entender este cambio en nuestro protagonista es la escasez de secundarias o, más bien, el cambio de estas en su paso de “vamos a hacerlo por la anecdota” a “voy a ayudar”. Antes la gente acudía a Kiryu y lo interrumpía siempre que podía para solucionar sus movidas locas y, no me malinterpretéis, sigue habiendo movidas locas, pero vienen relacionadas a como es el mundo ahora.

Unos matones han salido de fondo en el vídeo de un youtuber y quieren pegarle para que borre el vídeo, uno de los indigentes tiene antojo de un soba de kimchi, o un turista ha traducido algo mal y ahora unos chavales quieren darle una golpisa. El mundo cambia, y ahora se arreglan los problemas para ayudar, más que para experimentar.

Y todos estos problemas se relacionan con un personaje crucial, Akame.

… y un final acompañado

Akame es una informante que ayuda a todos los indigentes de la zona y va a ser nuestro nexo entre Sotenbori y El Castillo, la nueva zona que consiste en un casino, un salón de hostess, una arena dónde podremos encarnar a muchos personajes principales, secundarios y extras por primera vez en la saga y, además, la personalización de la ropa de Kiryu que, por fin, tenemos.

La presencia de Akame, así como del grupo que vas reuniendo para el coliseo, son las personas que van a acompañar a Kiryu en esta nueva vida. Akame, sobre todo, sirve como contrapunto a la actitud estoica y tranquila de nuestro protagonista con un toque moderno y jovial y, cuando se juntan en conversaciones de highball y frutos secos, funcionan estupendamente. Ambos aprenden el uno del otro, aún estando en distintos ciclos vitales y, al final, ambos se hacen la compañía que cada uno necesita tanto narrativamente, como en los minijuegos para dos.

El principio del fin

Como colofón a un final que me ha hecho llorar como ningún otro videojuego, serie, película o libro, este Like a Dragon Gaidentrae una demo del próximo juego Like A Dragon: Infinite Wealth…

Kazuma Kiryu ha vivido todo tipo de aventuras, ha escuchado un montón de historias y ha participado y ayudado a un montón de vidas que gracias a él, han podido seguir adelante. Esta visión del Yakuza perfecto, el que ayuda, el que comprende y entiende a los civiles, se apaga.

Por suerte, toda la familia que Kiryu ha ido reuniendo y protegiendo le ha permitido experimentar los buenos momentos que merece, ahora, con otro nombre y vida, ha encontrado otra familia y, lejos de perder ese espíritu del yakuza bueno, tiene un sucesor en alguien que es objetivamente bueno y, por cosas de la vida, fue yakuza.

La historia llega a su fin, pero nos queda una segunda parte, tanto del final de nuestro querido oji-san como del comienzo de algo nuevo.

Como decía al principio, toda buena historia tiene un final, pero toda gran historia, como es este Like A Dragon: Gaiden, te deja la huella suficiente como para no sentir el amargo adiós. [90]

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