Concrete Jungle, gestión urbanística y cartas

Con Concrete Jungle, ColePowered Games se saca de la manga un puzle exigente que combina la gestión urbanística con las cartas. En él nos esperan estrategia, competitividad y algún que otro quebradero de cabeza.

Esto es un puzle

Aunque resulte atípico comenzar hablando del arte de un juego, lo primero en este caso es señalar lo obvio: Concrete Jungle es un juego tratado con mucho mimo a nivel visual. Caribou City, la ciudad en la que se ambienta, entra por los ojos. El acabado artístico en general es, sin duda, su mayor mérito. Cada uno de los edificios es una pequeña obra de artesanía –que, por cierto, se hacen así.

Y no solo eso: cada personaje lleva impreso su carácter en su retrato, sí, pero también en la voz de su actor de doblaje y en los ingeniosos diálogos que nos acompañan en nuestro viaje como urbanistas en ciernes. Un puzle bien cuidado con una historia que no suena solo a excusa, en resumen.

Pero bueno, ¿de qué va esa historia? Como becarios en el ayuntamiento, asistimos a nuestras primeras clases de planificación. Nuestra joven mentora nos enseña a colocar edificios con cabeza para ir completando filas, una tras otra, hasta llegar a un objetivo… Y esto es muy importante: aunque lo parezca, Concrete Jungle no es SimCity, sino un juego de puzles en el que nuestra arma es una baraja. Una buena gestión y colocación de los recursos en el tablero son cruciales, ya que un error puede complicarnos mucho la vida. Y no hay posibilidad de deshacer una acción.

Es bonito.

Es bonito.

Cartas, barras de progreso, árboles tecnológicos… ¿pero esto no era un puzle?

Ya hemos dicho que el objetivo básico de una partida en el modo solo consiste en limpiar filas de edificios. Esto se consigue llegando a una determinada puntuación en esa fila, la cual hay que alcanzar colocando viviendas que los recolectan. Otras construcciones, en cambio, sirven para generar esas puntuaciones a su alrededor, o multiplicarlas, o invertirlas… la profundidad del juego es otro de sus elementos destacables también por lo inesperada que resulta. Tan destacable y tan inesperada que a veces, incluso, resulta excesiva.

Además de nuestra baraja básica, la cual podemos construir antes de la partida con las cartas que desbloqueamos al subir de nivel, existen otras secciones vitales para que no nos quedemos atrapados en la jungla de cemento. Una barra de color naranja sube cada vez que colocamos un nuevo edificio: si llega al máximo, nos costará más puntos limpiar líneas.

Otra barra, amarilla esta vez, registra una clase especial de puntos que ganamos, también, al colocar edificios. Al llenarla, podremos comprar una carta o usar habilidades específicas de nuestro personaje, que sube de nivel precisamente al comprar cartas. ¿Confuso? Al principio uno se siente igual incluso practicándolo en directo. Aquí, el interés por el juego marcará la diferencia entre engancharse o relegarlo al olvido para siempre.

Los edificios con números recolectan puntos. El resto, o ayudan o estorban.

Los edificios con números recolectan puntos. El resto, o ayudan o estorban.

Sí, un puzle… y muy exigente

A todo lo constatado –la baraja personalizada, la tienda de cartas, los valores de compleción de líneas y el árbol tecnológico de cada personaje– se suma la mecánica de los bloques de edificios: si colocamos varios del mismo color uno junto a otro, podremos hacer uso de ciertas cartas especiales ofrecen bonificaciones para todo el conjunto. Lástima que esto se explique una vez y a partir de ahí dependa totalmente del jugador volver a sacarle provecho o no.

Y es ahí, con los bloques, cuando encontramos el pretexto perfecto para enfrentarnos al meollo: Concrete Jungle es un juego difícil. La curva de dificultad es muy empinada en determinados puntos, incluso algo inconsistente. Y esto debe quedar claro: el juego es único, pero su gameplay directo disfraza en gran medida la complejidad de las mecánicas que hay detrás. Basta darse una vuelta por la Wiki para comprobarlo.

Pecamos de novatos, sobre todo, en el modo versus, donde nos enfrentamos a un rival en una batalla por ganar más filas que él. En este modo, el que acumule más puntos en el momento de completarse una fila se los lleva todos, los propios y ajenos, de modo que en un solo turno pueden girarse las tornas. Si la IA conoce algún truquillo que ignoras, date por muerto. También hay multijugador local para hasta 4 jugadores, pero nada de online. Imagino la cantidad de viciados que se juntarían entre planos y maquetas para ver quién es el mejor urbanista del nuevo siglo. Con más de 150 edificios y ocho personajes en total, cada uno con sus habilidades únicas, daría para esport. En serio.

El árbol de tecnologías quiere decir más poder de decisión... y más probabilidades de equivocarse.

El árbol de tecnologías quiere decir más poder de decisión… y más opciones para equivocarse.

Un juego (solo) para iniciados

Por 16 euros en Steam, Itch.io y Humble Store, el amante de los puzles más exigente encontrará todo lo reseñado; esto es, un desafío que probablemente estará a la altura de sus exigencias. El amante de los puzles más exigente aficionado además a los juegos de cartas coleccionables, los tableros y el urbanismo encontrará al amor de su vida.

El jugador que no sea lo primero, y mucho menos lo segundo, encontrará una apuesta a cara o cruz: tal vez aprenda a quererlo, pero le llevará algún que otro esfuerzo. Tal vez acabe odiándolo de pura frustración, pero al menos se habrá alegrado la vista durante los minutos que haya tardado en descubrir que eso no es SimCity. Ánimo, que ese subidón ya no te lo quita nadie. [75]

Un apunte final: el germen del juego podríamos encontrarlo en otro título del mismo creador, MegaCity. Lo que hay en él recuerda, y mucho, a las mecánicas básicas que vemos en su nueva creación. Podéis probarlo, tanto en su versión flash como en móviles, para ver lo que os espera. Si os gusta esto, os encantará Concrete Jungle. Si no, tal vez sea mejor dejarlo pasar.

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