Análisis: Metroid: Samus Returns es mágico

Siempre se habla de la magia de los juegos de Nintendo. Es algo que originalmente se usaba de forma cariñosa ante sus producciones, siempre de una calidad elevadísima, y que poco a poco acabó convirtiéndose en parodia de los foros de Internet.

Pero no se puede negar que es una frase que le queda como un anillo al dedo a Metroid: Samus Returns, puesto que lo que se ha hecho con este juego es algo que solo se puede definir como mágico.

Los que recordamos Metroid II: Return of Samus para Game Boy, lo recordamos con cariño y como una obra que era bastante impresionante en la portátil de Nintendo. Pero aquel año 1992 queda ya muy lejano y, en pleno 2017, la compañía nipona nos ha regalado un remake de aquel juego. Un remake que ha estado en manos del estudio español MercurySteam y que es, posiblemente una carta de amor a los amantes de la franquicia, del original de Game Boy, a los usuarios de Nintendo 3DS y a cómo se debería hacer un remake. De hecho, estamos malacostumbrados a las remasterizaciones, pero los remakes bien hechos nos han dado muchas alegrías a lo largo de los años, como es el caso de este Metroid: Samus Returns, del reciente Yakuza Kiwami o de Resident Evil Remake en su momento.

En el caso que nos ocupa, es un remake tan espectacular que nos hace preguntarnos en todo momento cómo era posible un juego tan espectacular en Game Boy. El truco está en que no era posible, pero Samus Returns juega tan bien mezclando cosas viejas con cosas nuevas que, sin querer, por momentos sentimos nostalgia recordando secciones, enemigos o situaciones… pero al mismo tiempo, esa nostalgia se vuelve extrañeza cuando pensamos cómo podía hacer esas cosas una plataforma tan antigua. Y esa sensación es una de las muestras de excelencia de este juego, ya que consigue satisfacer nuestros recuerdos del original (quienes los tengamos) a la par que se convierte en un juego moderno que explota al máximo las posibilidades de Nintendo 3DS.

La idea básica y la esencia son las mismas del juego de Game Boy: Samus llega al planeta SR388 y tiene que acabar con 40 Metroids. Un planteamiento básico, propio de los videojuegos de principios de los años 90, pero que tiene abundantes capas de profundidad. Sin diálogos y sin demasiadas escenas de vídeo, Samus Returns nos va presentando matices y detalles del universo al que pertenece, ese que ya conocemos tras varias entregas pero que, para un neófito, se le presenta como un entorno muy interesante del que apetece saber más. Además, el propio planeta tiene una historia que contar a través de sus escenarios, su flora, su fauna y sus estaciones de teletransporte. Hay mucho escondido entre las piedras para quien tenga los ojos abiertos para percibirlo.

Pero claro, no todos los usuarios buscan ese lore (término problemático y divisor donde los haya) y habrá quien solo quiera gozar de un juego divertido. Pues precisamente, Metroid: Samus Returns es un juego que engancha y que no puedes soltar durante las 12 horas aproximadas que se necesitan para conseguir el 100%. Demos aquí un pasito atrás para recordar en qué consiste la franquicia Metroid. Originalmente, las aventuras de Samus Aran eran bidimensionales y se desarrollaban en un gran mapa por el que podíamos movernos libremente salvo por una circunstancia: hay puntos concretos a los que no podemos acceder hasta haber conseguido determinadas armas o habilidades. De este modo, la aventura se convierte en un viaje constante de avance y retroceso para conseguir objetos ocultos y mejorar nuestras habilidades. Una fórmula que imitó la franquicia Castlevania durante abundantes entregas y que acabaría bautizándose como «Metroidvania».

Y aunque la franquicia de Nintendo evolucionó a las 3D y a la primera persona con la franquicia Prime, Samus Returns nos recuerda que no hay motivos para renunciar a los orígenes con una fórmula que funciona a las mil maravillas. Es precisamente esa sensación de descubrimiento lento pero constante lo que nos anima a seguir adelante constantemente. De repente estamos en un punto en el que no sabemos qué hacer, así que abrimos el mapa en busca de puntos que nos hayan quedado sin explorar.

Seguro que hay una roca oculta, una piedra que se puede reventar, un camino que se nos pasó por alto; seguro que esta nueva habilidad nos permite acceder a esa zona que parecía inaccesible antes; seguro que aplicando pensamiento lateral a esta estancia logro encontrar dónde se esconde ese esquivo Metroid. De forma lenta pero imparable, vamos completando porcentajes del mapa y avanzando hacia nuestro objetivo, espoleados por esa maravillosa sensación de ser cada vez más poderosos. Los enemigos iniciales no nos hacen ni cosquillas cuando estamos ya en el área 7 y queremos volver a explorar las primeras zonas del juego, lo cual nos anima todavía más a explorar y a alimentar nuestra sed de poder.

Las armas de Samus en esta entrega, además de su tradicional armadura y cañón, serán diferentes tipos de misiles, mejoras para la armadura (como salto más alto, salto eterno, etcétera), habilidades especiales (ralentizar el tiempo, barrera protectora, disparo más potente, sonar), la tradicional morfosfera (con sus propias mejoras), además de mejoras de salud y capacidad de misiles. Y alguna que otra sorpresa más que no comentaremos por no destripar demasiado. Todo este arsenal será muy necesario para hacer frente a esos 40 Metroids, ya que al principio están en forma larvaria, pero cuanto más tardamos en llegar hasta ellos (es decir, a medida que avanzamos durante la aventura) más tiempo les dará a evolucionar y les haremos frente en diferentes estados.

Por suerte, tenemos una funcionalidad nueva y maravillosa que le sienta como un guante a la franquicia: el apuntado en 360 grados. Si mantenemos pulsado el botón L, Samus se quedará quieta en el sitio apuntando y podremos usar el botón deslizante para medir disparos precisos y facilitarnos mucho la vida (sobre todo en comparación con las entregas viejas).

No se le pueden sacar muchas pegas al juego. La principal pega que se nos ocurre sería que se hace corto y te deja con ganas de más, pero realmente eso no es algo negativo, sino todo lo contrario. Estamos ante una de las mejores entregas de Metroid de la franquicia y ante uno de los mejores juegos que se han lanzado para Nintendo 3DS, una plataforma que está dando sus últimos coletazos pero parece dispuesta a irse por la puerta grande. También podría achacársele que no es un remake fiel al original, pero es que lo hace más grande, más profundo, más completo, más divertido y, en definitiva, mejor en todo, justo lo que debería ser un buen remake.

En resumen, Metroid: Samus Returns es una entrega muy necesaria para una franquicia que parecía algo olvidada por parte de Nintendo, pero que regresa por todo lo alto para hacer las delicias de los amantes de las aventuras clásicas de Samus y para enganchar a una nueva generación de jugadores. Desde aquí, pedimos ya que le dejen a MercurySteam hacer un remake de Super Metroid. [92]

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