Reseña: Dead Island 2 SoLa, aquel ritmillo

Seguimos con la ronda de Dead Island 2 – que comenzamos con el DLC de HAUS – con SoLA, la última pieza de historia que nos traslada otra vez a un cachito nuevo de mapa.

El festival de SoLA es el Lollapalooza del universo de Dead Island. Neo-hippies, eco-posturismo y música hecha para tener su mejor parte lista para un reel de Instagram. Lo que pasa, es que tenemos zombis, cómo no, y en este batiburrillo de tripas, encontramos un oasis recubierto de vallas electrificadas. Ahí, Grace, una hippie que parece que viene del pasado, ha intentado parar varios conciertos porque hay cierto ritmo… que transforma a la gente en zombies.

Con esta premisa, tenemos un cachito de historia que se entrelaza con la historia del juego base, se reboza con sus personajes finales, desvelando poco a poco y ampliando el carácter de los mismos. Además añade dos nuevos zombies: el azotador, con tripas como arma; y el coagulador, un ente que desentraña nuevos misterios.

Pese a lo chiquito del capítulo, y lo bien que maneja el contexto de sí mismo, SoLA trae a un enemigo que plantea una nueva concepción de esta infección, dando una dimensión más a través de la música en este festival de tripas y armas muy chulas.

Personalmente, no he encontrado más información sobre el futuro de este Dead Island 2, dónde también me es difícil pensar en uno teniendo en cuenta la montaña rusa de su desarrollo. Por suerte, ha acabado siendo un milagro, y he acabado queriendo más.

¡Que no decaiga la música y que no decaiga Dead Island! [65]

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