Opinión: Un boomer en Fortnite

No sé cuánto he rajado de Fortnite, ridiculizándolo por su popularidad entre la muchachada, por sus bailes estrafalarios, por la movida con Apple. Hace poco más de tres semanas, en su quinta temporada, tras otros tantos años liándola, lo probé. Y todavía no he podido soltarlo.

Manqueando en el paraíso

Soy nivel 70 del pase de batalla de la Temporada 5 (subes a medida que superas retos, misiones, etc) y he comprado unas cuantas skins y bailes. Es inevitable. Y eso que cuando empiezas a jugar te dan unos cuantos paVos, que es la moneda del juego, más que suficiente como para comprarte el pase de batalla que te permite ir desbloqueando un buen montón de extras, como skins, bailes, gestos, etc.

Teniendo en cuenta que el pase de batalla cuesta 950 paVos (la moneda del juego), que son aproximadamente unos 8 euros, te quedan otros 1050 paVos para comprar alguna skin adicional. Lo de la suscripción mensual no me ha acabado de convencer (13 euros mensuales por 1000 pavos, skin mensual única de la suscripción y pase de batalla incluido).


El vídeo parodia del mítico «1984», lanzado por Epic para atacar a Apple

Un modelo de negocio basado en el amor

Decía que es inevitable que te acabes dejando dinero en Fortnite y así contribuyas a engrasar una máquina que facturó, aparentemente, 1200 millones de dólares en el 2020. Y es que cuantas más horas le echas a este juego-plataforma te das cuenta que ese, el tiempo, es la principal inversión que estás haciendo como jugador. Al comprar skins u otros cachivaches lo que estás haciendo es invertir el modelo de pago por jugar, que tradicionalmente pedía al jugador pagar por adelantado.

Es decir, tú normalmente pagas 60€, o los que sean, por un juego que, normalmente, no sabes si te va a gustar mucho, poco o regular. En Fortnite en cambio lo juegas gratis, te enganchas y creas un vínculo con el juego que te hace sentir que el mundo de Fortnite es tu espacio de juego. Yo personalmente ya estoy en una dinámica en la que no pienso a qué juego jugaré hoy, sino qué es lo que haré en Fortnite hoy.

Por ejemplo, ayer día 20 de febrero hubo un evento de cortos en el mundo de Fortnite, una auténtica virguería en la que, a modo de festival de cine, podías ponerte a ver películas de corta duración junto a decenas de otros jugadores, en un mundo similar al de la isla en la que transcurre el Battle Royale.

La relación que he creado con Fortnite me ha hecho saltar de cabeza a comprar el minuto 0 las skins de Street Fighter. Lo veo como la evolución natural del jugador que está ya convencido que lo suyo con Fortnite no es un polvo de una noche, sino que la cosa va para largo. El hecho de que estas compras ingame no dan ventajas competitivas es casi anecdótico: lo importante es el boost de sentir que, con tu nueva skin, estás más cómodo jugando a Fortnite. Es como eso de ponerte guap@ para ir a cenar fuera. Bueno, cuando se podía.

Enganchado es poco

La fórmula Fortnite me ha enganchado absoluta y abusivamente. Llevo ya 23 días jugando un mínimo de 2 horas cada noche, una auténtica locura que nunca había experimentado previamente, y que por cierto estoy stremeando desde el canal de AKB de Twitch cada medianoche. Una verdadera salvajada que, por lo que he comentado con lxs colegas por Twitter, es similar en vicio a los mejores años de World of Warcraft.

Es cierto que mi experiencia jugándolo solo ha estado a años luz de jugarlo en grupo, por lo que entiendo a lxs jugadorxs que han probado el Battle Royale de Epic y no han quedado atrapados. Nada que ver a embarcarte en Fortnite manqueando con los colegas. Avisadx quedas.

¿Debería parar o, al menos, reducir el ritmo de juego? Sí. ¿Lo veo posible? Va a ser que no.

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