Ori and the Blind Forest, belleza mortal

Hay juegos preciosistas que te dan de comer en bandeja de plata y te colocan una alfombra roja para que te llegues al final sin excesivos problemas. Para mi, jugar a Ori and the Blind Forest (Moon Studios, 2015) (aquí las impresiones de Edu) está siendo como tirarse a una Mantis Religiosa: vas a disfrutar, pero seguro que la palmas.

Engatusando al jugador/a

Llevo más de 10 horas jugadas a Ori y la sensación de que es un cocktail envenenado no hace más que crecer. A su aspecto de maravilla nacida en los estudios de Ghibli hay que sumarle una dificultad que, seguro, ha hecho exasperar a más de uno. La figura del Videojuego-Reto se hace evidente en el título de Moon Studios rápidamente, y uno se pregunta, entre muerte y muerte, si realmente es necesario imponerse al jugador/a para hacerse valer, reivindicarse.

La respuesta, en mi cabeza, es que no es necesario ser un reto para ser un plataformas que ofrece buenas sensaciones. Mis mejores recuerdos con los juegos de Super Mario, por ejemplo, suelen ser de las fases iniciales, en las que los diseñadores parecen tener el objetivo de agradar al jugador y sorprenderlo más que putearlo. En mi opinión, la propia belleza de Ori and the Blind Forest debería ser suficiente para encontrar su sitio en el imaginario videojueguil.

Y tú, ¿Qué opinas?¿Los videojuegos reto son un plus para ti? ¿O prefieres los juegos sencillos?

  1. Juegazo.

    Está muy bien que sea un juego un poco difícil y tenga algún reto para que no sea solo pasearse desde el punto de salida hasta el de final de nivel como estamos tan acostumbrados en los juegos actuales.

    Los primeros niveles de los Mario Nintendo siempre los plantea como tutoriales encubiertos por eso son tan fáciles.

    • Pues sí, los juegos fáciles aburren y no duran nada. Yo siempre juego todos en modo difícil.

      Coño, que los que tenemos ya una edad venimos de generaciones de juegos bien jodidos, no es para tanto, ¿no?

  2. tiene el inicio más bonito y triste de la historia!! y es una obra maedtra indiscutible, tan dificil y milimétrico como increiblemente precioso.

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