Volvemos a surcar el espacio con Elite Dangerous

La realidad virtual sigue cautivándonos. Poder perderse en aquellos mundos imaginarios con los que soñábamos parece más una cosa de ciencia ficción que algo que tengamos al alcance de la mano gracias a tecnologías como Oculus Rift o Leap Motion. Solo queda ver si el efecto de la reiteración de la experiencia no hace mella en ella y ahí tienen los desarrolladores un importante trabajo para lanzar propuestas estimulantes para el jugador.

Hace unas semanas, Akihabara Blues pudo probar una build de la versión definitiva de Elite Dangerous con Oculus Rift DK2 pero nos quedamos con ganas de más. Con motivo del lanzamiento de la versión definitiva del título el día 16 de diciembre, tocaba volver a las profundidades espaciales para probarlo un poco más en profundidad antes del análisis de la versión definitiva que a buen seguro, nos tendrá ocupados un buen tiempo hasta que podamos descubrir todas las características que la nueva obra de Frontier Developments ofrece.

Elite Dangerous Landing

Para esta ocasión, contábamos con un Mountain ICE, un sobremesa ultra silencioso de la línea de gaming de la marca Mountain que es una bestia parda con las características técnicas que se gasta. Por supuesto todo ello al servicio de mostrarnos la realidad virtual en todo su esplendor sin despeinarse. Una pena que no podamos tener uno de estos en cada casa. Ayudando a la sensación de inmersión, también teníamos disponible un HOTAS WARTHOG y un Thrustmaster T.16000M, un conjunto que haría las delicias de cualquier amante de los simuladores de vuelo, gracias a la respuesta perfecta frente a nuestros movimientos y la posibilidad de configurarlo completamente gracias a sus múltiples botones, aunque si no os queréis liar con trasteos varios, también existe un perfil específico para Elite Dangerous que os permitirá omitir tan doloroso trance. Maniobrar la nave mientras ves en pantalla como el juego responde con una fidelidad 1:1 a tus movimientos en la realidad es algo impresionante.

Era hora de ponerse a los mandos para salir de lo que era el combate, quizás la parte más espectacular del título sacando más provecho de la VR, para meternos en faenas varías como el aterrizaje o el despegue. Aunque en un principio estas dos tareas parezcan monótonas, es una delicia realizar un aterrizaje perfecto, pidiendo permiso para atracar en los puertos, entrar en un gigantesco aparcamiento espacial rotatorio con cuidado de no perder la trayectoria y acabar siendo escombro espacial contra las paredes, y terminar de asentar nuestra nave en una de las múltiples plataformas disponibles para poder reabastecernos con lo necesario para acometer nuestra aventura espacial. Despegar también se convierte en una complicada maniobra que nos permite salir al espacio profundo, admirando la inmensidad de los planetas sobre los que el dock espacial mantiene su órbita. Habrá que ver si no se hace un tramite monótono después de un sinfín de horas de juego.

Coriolis_Traffic_03

No queríamos irnos de la prueba sin destruir un par de naves espaciales. La otra vez conseguimos terminar satisfactoriamente con las fáciles naves de entrenamiento así que nos atrevimos con retos mayores. ¡Vaya retos! En la primera misión, las naves maniobraban para atraparnos por la cola de nuestra nave y dispararnos a placer con el objetivo de destruir nuestros escudos. Sólo con una efectiva combinación entre los misiles con los que contábamos y los cañones láser guiados conseguimos traspasar sus defensas, rompiendo la integridad de su casco. Pero lo mejor pasó en la siguiente misión cuando caímos completamente derrotados. Ahí se acababan las ayudas y las facilidades para el jugador. Además de no disponer de asistencia en el apuntado teniendo que alinear perfectamente la mira con nuestro objetivo, los enemigos parecían poseídos por un frenesí destructor que sólo podía acabar de una manera: nuestra cabina rota, sin barrera que nos separara del espacio exterior, mientras el oxigeno de nuestros sistemas de soporte vital se acababa. Escuchar únicamente nuestra respiración con el silencio envolviéndonos, y una cuenta atrás nos marcaba la muerte de nuestro personaje mientras la nave enemiga sobrevolaba a nuestro alrededor a la espera de darnos el remate final es una experiencia que no he experimentado en ningún otro juego. Esperemos que ese universo dinámico que nos prometían en nuestra primera prueba pueda generar este tipo de situaciones únicas.

Pilotar una nave no es algo sencillo. Nos dejamos por el camino muchas características como la gestión de energía dentro de la nave sobre los parámetros de sistemas vitales, escudos y armas, o la personalización de nuestra nave, así como la exploración espacial. Esperamos que en nuestro análisis podamos tocar todos los aspectos de un juego que parece inmenso a simple vista y puede apabullar por su complejidad al principiante. Aún así, la experiencia en la segunda sesión de Elite Dangerous deja entrever que superar todas estas dificultades nos arroja a un sistema de posibilidades infinitas. Esperemos que no sea sólo una presunción pero eso lo descubriremos en nuestro análisis.

Si alguien ha jugado a la beta de Elite Dangerous, puede dejar sus impresiones para poder comparar sensaciones, sobre todo por la experiencia de jugar sin un Oculus Rift.

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