Flotsam y la reflexión sobre nuestros océanos

Hace poco que Flotsam, un juego de gestión y supervivencia en la que utilizaremos la basura de los océanos para construir una ciudad flotante, ha salido al acceso anticipado y con él, un vistazo al estado actual de los océanos de nuestro planeta y de cómo podemos acabar en un futuro menos lejano de lo que parece.

Un mundo dominado por los océanos

La creciente incidencia del calentamiento global sobre la Tierra, a pesar de que algunos líderes políticos se empeñen en negarlo, podría hacer que el nivel del mar subiese varios metros en los próximos siglos, lo que se traduciría en numerosas zonas costeras actuales que, simplemente, dejarían de existir, engullidas por el océano. Esta tendencia se ha disparado a lo largo del siglo XXI y, a no ser que reduzcamos nuestras emisiones de CO2, así como de otros gases que atrapan el calor, continuará al alza.

Es por ello que Flotsam, a pesar de inspirarse en lo que parece ser un alegre mundo postapocalíptico, no deja de ser eso, postapocalíptico. Los océanos han logrado dominar el mundo, tal y como puede pasar en un futuro a largo plazo, y el ser humano se ve obligado a tirar de ingenio para sobrevivir, por lo que su objetivo es el de construir ciudades flotantes sobre los océanos con los residuos que ellos mismos han generado y que se encuentran en la masa de agua que engulle la superficie terrestre.

Naturalmente, Flotsam se pone en el peor de los casos y esconde tras su apariencia amable una realidad terrible: la destrucción por parte del ser humano de su propio planeta. La victoria del calentamiento global sobre el ecosistema obliga al ser humano actual de Flotsam a pagar por los errores de miles de años de abuso hacia el planeta Tierra y lo disfraza de un juego de gestión de recursos, estrategia y supervivencia que no deja de esconder una profunda crítica a la tendencia del ser humano a no saber cuidar su propia casa.

El apocalipsis que bien puede reflejar el futuro

Si echamos un vistazo a un reciente informe científico sobre el impacto del cambio climático sobre la región mediterránea, una región que afecta directamente a España y gran parte de Europa, los resultados son alarmantes. El calentamiento global puede hacer que la temperatura en esta región aumente más de dos grados dentro de 20 años, lo cual traería consigo olas de calor de mayor duración con sus correspondientes riesgos para la población, además de acentuar las sequías, lo cual afectará a la calidad de vida y a la obtención de alimentos.

Por otro lado, el nivel del mar, tema central de Flotsam, aumentaría un metro de cara a 2100, lo que se traduce en millones de personas afectadas a causa de la inundación de regiones que a día de hoy suponen su hábitat. Además, por su parte, la inundación de estas regiones afectaría a tierras que se perderían completamente y supondría la salinización de las aguas subterráneas. Y todo esto sin tener en cuenta temas como la escasez de agua potable, los daños al ecosistema, la pérdida de calidad de vida y el empeoramiento de la salud.

Estos datos son tan sólo una pequeña parte de un informe mucho más elaborado, pero da sentido al mundo planteado en Flotsam. El título, eso sí, no refleja el apocalipsis absoluto y trata de convertirse en una forma de entretener a la par que concienciar de la importancia de cuidar lo que tenemos y actuar antes de que sea demasiado tarde y tengamos que lidiar con problemas a los que no quisimos prestar atención en su momento.

La responsabilidad de los videojuegos

El propósito fundamental de Flotsam es, como el de todo videojuego, el de entretener y resultar atractivo a nivel jugable para los usuarios. No obstante, el título también está adquiriendo cierta responsabilidad a la hora de concienciar e informar, a su manera y estilo, de la importancia de cuidar nuestro planeta y dejar que este continúe siendo un juego y no se convierta en la realidad dentro de varios siglos.

Porque es cierto que, al hablar de siglos, parece que hablamos de algo que no nos toca de cerca y que no debería importarnos pero, al fin y al cabo, uno de los instintos básicos de cualquier especie es el de la supervivencia, y nosotros no dejamos de ser una de las muchas especies que pueblan la Tierra. Con el cambio, eso sí, de que tenemos más poder que el resto de especies sobre el devenir de los acontecimientos.

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