Art of Rally, impresiones: Sega Rally meets Lonely Mountains

Tengo que reconocerlo. La primera vez que vi algo de Art of Rally fue un gif incrustado en una nota de prensa. No sabía nada del juego, y realmente no me hacía falta saber nada más. El gif es el que viene a continuación.

Amor por las cuatro ruedas

Tan solo el título del juego y la belleza de las imágenes del gif me hizo recuperar un amor pasajero por los juegos de coches. Tan solo en dos momentos en mi vida de jugador he tenido en mi Top de juegos títulos de conducción: en la época en la que visitaba los salones recreativos me quedé prendado de Virtua Formula y de, sobre todo, Sega Rally. Qué vicios.

Y luego con PSX, al estrenarla con Ridge Racer. Menuda brutalidad de juego, pura recreativa. Viniendo de Super Nintendo, el encontrarte algo así en pantalla – y en los altavoces, porque menuda banda sonora que se gastaba – era una experiencia increíble.

Un flechazo

Y ahora llega el juego de Funselektor para recordarme amores de juventud. Art of Rally tiene aspecto de indie desenfadado, con un aspecto visual tan personal como atractivo, que hace que sea imposible no darse cuenta del cariño inmenso con el que ha sido creado.

El control, las animaciones del coche, los derrapes, la belleza onírica de los escenarios… Art of Rally es una experiencia sensorial que no deberías, al menos, dejar de probar, porque es diferente a la gran mayoría de propuestas existentes en el género. Quizá el exigente control te acabe tirando para atrás, en ese sentido hay pocas concesiones para el jugador, e ir fundiendo al máximo te traerá más problemas que otra cosa.

Así, jugarás más o menos carreras, te picarás con los tiempos – o quizá no -, pero lo que es muy probable es que Art of Rally se te quede grabado en la retina como se me ha quedado a mi.

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