Spiderman, la guinda del pastel de Insomniac

Cuando te pasas horas, literalmente, recorriendo una ciudad como la Nueva York de Insomniac, sin más objetivo que recoger unas simples mochilas cuya mayor promesa es la de desvelar parte del lore, es imposible no pensar que uno está jugando a algo especial. Que algo se ha hecho bien.

Que una compañía como la responsable de Sunset Overdrive se embarcara en un proyecto basado en una de las IPs más potentes del planeta era algo tan prometedor como peligroso. Sí, las posibilidades parecían infinitas, pero la hostia podía ser de aúpa si los de Insomniac se sentían tentados por ir a lo fácil. A lo seguro.

Como de costumbre, llegué a Spiderman tarde en comparación a mi TL de Twitter. Cuando yo le eché el guante la mitad de mi timeline ya tenía el Platino y proclamaban a los cuatro vientos las virtudes del enésimo exclusivo de relumbrón de PS4. Pero en mi caso la toma de contacto fue dura. No me hacía con los controles, especialmente en los combates. Todo me parecía muy caótico, los enemigos me apalizaban y no le cogía el punto a los poderes. Pero la cosa cambió cuando me alejé del jaleo y me limité a dar vueltas y me puse a disfrutar de la urbe virtual.

El descubrir metro a metro la NYC de Spidey es una gozada. Estoy disfrutando como un enano de cada uno de sus lugares míticos extraídos de las páginas de los cómics, series y películas, un lore riquísimo elaborado durante años y años que consigue transmitirme unas sensaciones tan reconfortantes como una manta en invierno, de una forma similar, en el reciente e irrepetible God of War.

Pero esas sensaciones quedarían en anécdota si el paquete no fuera lo suficientemente sólido. Kudos a Insomniac, que demuestra que una IP de este calibre puede albergar a grandes juegos cuyos méritos vayan más allá del carisma del protagonista, convirtiéndose así una licencia en la guinda del pastel y no en el pastel en si. Algo que, aunque parezca sencillo, muy pocas compañías han llegado a entender.

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