Valkyria Revolution, la obra de teatro secuela del mito

Qué ganas tenía de probar Valkyria Revolution, a pesar del enorme respeto que le tengo a las entregas de sobremesa de esta mítica serie de SEGA. A Valkyria Chronicles lo mitifiqué más que meterle horas, hasta el punto que, para mi, probar o no probar Valkyria Revolution era algo equiparable a una peregrinación religiosa.

200% story driven

Con apenas 2 horas de ¿juego? hay cosas que quedan bastante claras. Valkyria Revolution forma parte de la misma IP que Valkyria Chronicles, pero las similitudes parecen centrarse, únicamente, en la estética. Si en Chronicles SEGA planteaba un estilo de control basado en la estrategia, en Revolution se pasa a un modelo en pseudo tiempo real que poco tiene que ver con su predecesor.

Gráficamente es una gozada, pareciendo un Anime, como su predecesor. Eso sí, las imágenes del juego parecen estar impresas sobre un efecto de “tela”. Es algo curioso al principio, pero al rato, al menos a mi, me ha acabado resultando quizá demasiado artificial.

Una historia épica

Me gustaría destacar la gran cantidad de cinemáticas, las cuales me he pasado viéndolas un tiempo sensiblemente superior al que me he pasado controlando a los personajes de Valkyria Revolution. Aunque viendo lo plano de las secuencias interactivas, que, en ocasiones, parecen extraídas del enésimo Dynasty Warriors, por ritmo, pero con bastantes menos personajes, lo cierto es que queda claro cuáles son las virtudes de este Valkyria y cuáles son los trámites a los que se ha visto obligado de pasar para poder completar la jugada.

Valkyria Revolution, con su concepción de historia interactiva, apostando a tumba descubierta por presentar una puesta en escena más propia de una obra de teatro que de un videojuego, me está gustando. Quizá no tanto como esperaba – maldito hype – pero sí lo suficiente como para seguir dándole, al menos unas cuantas horas más. SEGA, mientras sigas mimando a esta IP o a Yakuza, no te mueras nunca.

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